24 de mayo de 2025 a las 09:20
Domina el arte de la persuasión (sin presiones)
La diplomacia, ese delicado arte de la negociación y la representación, se encuentra en el ojo del huracán. El reciente anuncio sobre el impuesto a las remesas enviadas desde Estados Unidos a México ha desatado una ola de controversia y opiniones encontradas. Mientras algunos celebran la contención del porcentaje en un 3.5%, argumentando que podría haber sido peor, otros levantan la voz para denunciar la injusticia que representa esta medida para los millones de mexicanos que dependen de estos envíos.
¿Es acaso una victoria pírrica conformarse con la pérdida de 1.800 millones de dólares, simplemente porque el impuesto no alcanzó el 5%? Esta pregunta resuena en los hogares mexicanos, donde las remesas se convierten en el sustento de familias enteras, en la esperanza de una vida mejor. Imaginemos por un momento el impacto de esta merma en la economía local, en los pequeños negocios que dependen del flujo constante de estas divisas, en la capacidad de las familias para acceder a servicios básicos como la educación y la salud.
La situación nos recuerda a la épica lucha del viejo Santiago con su pez vela en la novela de Hemingway. Mientras el pescador se esfuerza por llevar su preciado trofeo a la costa, los tiburones, implacables, lo acechan y devoran pedazo a pedazo su recompensa. Al final, solo quedan los huesos. De igual manera, las remesas, ese vital flujo de recursos, se ven mermadas por los impuestos y las comisiones, dejando a las familias con apenas una fracción de lo que con tanto esfuerzo envían sus seres queridos desde el extranjero.
Se ha argumentado que la gestión diplomática ha logrado mitigar el impacto, que se ha evitado un escenario aún más desfavorable. Pero, ¿es suficiente conformarse con el mal menor? La verdadera diplomacia, la que defiende los intereses de su nación con firmeza y convicción, debería aspirar a la eliminación total de estas cargas injustas. No se trata de celebrar pequeños logros, sino de luchar por la justicia y la equidad para los más vulnerables.
La comparación con la pérdida territorial de 1847 resulta, cuanto menos, desafortunada. Minimizar el impacto de un impuesto a las remesas equiparándolo a una tragedia histórica de tal magnitud es una muestra de la desconexión con la realidad que viven millones de mexicanos. La diplomacia no se construye sobre la base de la resignación, sino sobre la defensa inclaudicable de los derechos e intereses de la nación.
La voz de la presidenta, al exigir una tasa cero en los impuestos a las remesas, se alza como un llamado a la justicia y a la solidaridad. Reconocer el impacto de esta doble tributación en los más pobres es un paso fundamental para comprender la magnitud del problema. No se trata de mendigar migajas, sino de exigir un trato justo y equitativo para quienes con su trabajo y esfuerzo contribuyen al desarrollo de ambos países.
En este contexto, la celebración acrítica de supuestas victorias diplomáticas resulta preocupante. Aplaudir sin comprender las implicaciones de estas medidas es un flaco favor a quienes sufren las consecuencias de la injusticia. Es necesario un análisis profundo y crítico de la situación, que vaya más allá de la retórica triunfalista y se centre en la búsqueda de soluciones reales y efectivas para proteger a los más vulnerables. La diplomacia no debe ser un juego de palabras, sino una herramienta para construir un futuro más justo y equitativo para todos.
Fuente: El Heraldo de México