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24 de mayo de 2025 a las 22:45

Cantinflas: La oscura verdad de su nieto.

La sombra del ícono mexicano Cantinflas se alarga sobre una historia de lucha, dolor y redención. Su nieto, Gabriel Moreno Bernat, de 31 años, emerge de las tinieblas de la adicción para compartir un relato estremecedor que nos recuerda la fragilidad de la vida y la fuerza del espíritu humano. Tras años perdidos en el laberinto de las drogas, Gabriel ha logrado la ansiada sobriedad, un oasis que le permite vislumbrar un futuro donde la familia, el amor y la estabilidad sean los pilares de su existencia. Pero el camino hasta aquí ha sido un tortuoso descenso a los infiernos.

Doce años en la calle, marcados por la necesidad imperiosa de conseguir la siguiente dosis, lo empujaron a una espiral de delincuencia y violencia. Las noches se sucedían en la precariedad de una camioneta abandonada o en la desolación de "la canchita", espacios que se convirtieron en su refugio, aunque desprovistos de cualquier confort o seguridad. La supervivencia se convirtió en una lucha diaria, donde cualquier medio justificaba el fin. Desde pequeños encargos hasta el asalto, Gabriel recurrió a lo que fuera necesario para alimentar su adicción. Armado con un picahielo u otro objeto punzante, amedrentaba a sus víctimas, dejando tras de sí una estela de miedo y dolor.

La confesión de haber apuñalado a casi una decena de personas hiela la sangre. La imagen de las víctimas "tiradas" tras el ataque, como describe el propio Gabriel, persigue al joven, quien admite sentir un profundo dolor al confrontar la posibilidad de haber arrebatado una vida. La incertidumbre de desconocer el destino final de aquellos a quienes hirió añade una capa adicional de angustia a su relato. El peso de sus acciones se hace evidente en su semblante cabizbajo y en la voz quebrada durante la entrevista.

El dedo acusador se dirige hacia la figura paterna, quien, según Gabriel, lo introdujo en el mundo de las drogas junto a sus hermanos. La ausencia de un entorno familiar estable, libre del yugo de la adicción, se presenta como un factor determinante en la prolongada lucha de Gabriel por la rehabilitación. Años perdidos en la soledad y la tristeza, un precio demasiado alto por la negligencia de un padre.

La crudeza del relato alcanza su punto álgido con la confesión de haberse prostituido en las calles de la Ciudad de México. Sin ahondar en detalles, Gabriel describe esta etapa como un periodo extremadamente duro, una cicatriz más en un alma ya de por sí lacerada.

A pesar del oscuro pasado, la historia de Gabriel Moreno Bernat es, en última instancia, un mensaje de esperanza. Su lucha por mantenerse limpio, su deseo de formar una familia y la valentía de confrontar sus demonios son testimonio de la capacidad del ser humano para superar la adversidad. Un recordatorio de que incluso en las sombras más profundas, siempre existe la posibilidad de encontrar la luz. La pregunta que queda en el aire es si la sociedad estará dispuesta a ofrecerle la segunda oportunidad que tanto anhela.

Fuente: El Heraldo de México