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23 de mayo de 2025 a las 09:15

Precios justos: justicia social para el campo

La lucha por un precio justo para los agricultores mexicanos ha sido una batalla constante, una lucha contra un sistema que, por décadas, ha favorecido a los intermediarios y ha dejado a los productores a merced de precios volátiles e injustos. Imaginen el sudor, el esfuerzo, la dedicación que implica cultivar la tierra, desde la siembra hasta la cosecha, para luego ver cómo el fruto de ese trabajo es subvaluado, cómo las ganancias se las llevan quienes no han pisado ni un surco. Este escenario, lamentablemente, ha sido la realidad de miles de familias campesinas en México, quienes, a pesar de ser la columna vertebral de nuestra alimentación, han visto sus ingresos mermados por un sistema de comercialización injusto.

La cebada, un grano fundamental para la industria cervecera, no ha sido la excepción. Por años, los productores de cebada han enfrentado la incertidumbre de un mercado dominado por grandes empresas, donde sus voces, sus necesidades, parecían perderse en el ruido de las negociaciones. Sin embargo, la historia reciente nos muestra que la unión, la organización y la perseverancia pueden lograr cambios significativos. La gestión lograda con las empresas cerveceras, para asegurar un precio justo por tonelada de cebada, es un ejemplo claro de cómo el diálogo y la colaboración pueden generar beneficios tangibles para los productores. No se trata solo de un número, de un precio por tonelada, se trata de la dignidad de miles de familias, de la posibilidad de un futuro más próspero para quienes dedican su vida al campo.

Este logro, sin embargo, es solo un paso en el largo camino hacia la justicia en el campo mexicano. Aún queda mucho por hacer. El problema de los intermediarios, los acaparadores, sigue siendo una piedra en el zapato para el desarrollo del sector agrícola. Es necesario implementar mecanismos que permitan una comercialización más directa, que acorten la cadena de intermediación y que garanticen que los productores reciban una mayor parte de las ganancias. No podemos permitir que quienes siembran la tierra sigan siendo los que menos reciben. La diferencia abismal entre el precio del campo y el precio en la tienda es una muestra clara de la injusticia que prevalece en el sistema. Esa diferencia, ese margen de ganancia excesivo, no se lo quedan quienes trabajan la tierra, sino quienes se benefician del trabajo ajeno.

La visión de un campo tecnificado, productivo y sustentable no es una utopía, es una necesidad. Es la clave para retomar nuestra soberanía alimentaria, para asegurar que México tenga la capacidad de producir sus propios alimentos, sin depender de importaciones. Un campo fuerte es un país fuerte. Es un país con mayor seguridad alimentaria, con mayor desarrollo económico y con mayor justicia social. Es un país donde el campo, en lugar de ser un espacio de pobreza y marginación, se convierte en un motor de desarrollo y bienestar. El compromiso con el campo mexicano es un compromiso con el futuro del país, con la construcción de un México más justo, más próspero y más soberano. Es hora de saldar la deuda histórica que tenemos con quienes cultivan la tierra, con quienes nos alimentan. Es hora de que el campo mexicano florezca.

Fuente: El Heraldo de México