23 de mayo de 2025 a las 09:30
Libérate y respira.
La era de la perfección pulida y los filtros de Instagram parece estar llegando a su fin. Durante demasiado tiempo, hemos sido bombardeados con imágenes de vidas idílicas, cuerpos perfectos y éxitos sin esfuerzo. Un espejismo construido por marcas que buscaban vendernos la ilusión de la felicidad enlatada, un producto más en el supermercado de la vida. Pero, ¿quién puede realmente identificarse con esa realidad fabricada? ¿Quién no ha sentido el peso de la expectativa, la frustración de no alcanzar ese ideal inalcanzable?
El agotamiento, la ansiedad, la incertidumbre… son parte de la experiencia humana. Intentar borrarlas, esconderlas bajo la alfombra de la perfección, solo nos aleja de nosotros mismos y de los demás. Y aquí es donde entra el radical candor, un soplo de aire fresco en un mundo saturado de artificio. Ya no se trata de aspirar a la perfección, sino de abrazar la imperfección. De mostrar nuestras vulnerabilidades, nuestros miedos, nuestras dudas. De reconocer que no lo tenemos todo resuelto, que a veces nos equivocamos, que a veces simplemente no sabemos.
Este cambio de paradigma se ve reflejado en la forma en que las marcas, especialmente las que se dirigen a las nuevas generaciones, se comunican. Ya no basta con prometer la luna y las estrellas. Ahora, se busca la conexión a través de la autenticidad. Influencers que comparten sus struggles, CEOs que hablan abiertamente del burnout, marcas que admiten sus errores… La honestidad emocional se convierte en la nueva moneda de cambio, un valor mucho más preciado que cualquier filtro de belleza.
En las redes sociales, epicentro de la comunicación actual, esta tendencia se manifiesta con fuerza. Vemos a personas compartiendo sus experiencias con la terapia, hablando de sus problemas de salud mental, mostrando la realidad de la maternidad, del emprendimiento, de la vida misma, sin edulcorantes ni artificios. Y la respuesta es abrumadora. Porque en la vulnerabilidad encontramos conexión, en la imperfección encontramos humanidad.
Este cambio no solo se limita a las redes sociales. Está permeando todos los ámbitos de la comunicación. Las marcas que se atreven a romper con los moldes tradicionales, a mostrar su lado humano, son las que están generando un mayor engagement. Porque la gente está cansada de la falsedad, de las promesas vacías. Lo que buscamos es autenticidad, conexión, empatía.
Claro que este camino hacia la honestidad radical no es fácil. Implica coraje, implica salir de la zona de confort, implica enfrentar la posibilidad del rechazo. Pero el premio vale la pena. Porque en un mundo donde la perfección se ha convertido en sinónimo de irrealidad, la verdad, por incómoda que sea, es la única vía hacia la conexión genuina. Y eso, en definitiva, es lo que realmente importa. No se trata de vender más cremas, se trata de construir confianza. Se trata de crear comunidad. Se trata, en definitiva, de humanizar la comunicación.
Fuente: El Heraldo de México