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23 de mayo de 2025 a las 09:15
Gaza: ¿Un nuevo Holocausto?
El silencio ensordecedor que envuelve la tragedia humanitaria en Gaza se ha vuelto un cómplice silencioso de la violencia. Mientras el mundo observa, miles de niños palestinos se enfrentan a una realidad inimaginable: el hambre, la enfermedad y la muerte acechan en cada esquina, robándoles la infancia y cualquier esperanza de futuro. Las cifras son alarmantes: más de 14,000 infantes al borde de la muerte, víctimas de males fácilmente curables si tan solo la ayuda humanitaria pudiera llegar. Pero el acceso está bloqueado, agravando una situación ya desesperada. Ante la inacción de la comunidad internacional, el Reino Unido ha dado un paso al frente, rompiendo relaciones con Israel en una valiente declaración que contrasta con la tibia respuesta de otras potencias. Incluso China, manteniendo una postura más neutral, ha extendido una mano de ayuda, enviando miles de paquetes de alimentos a través de Jordania.
En México, la voz de la presidenta Claudia Sheinbaum se ha alzado reconociendo tanto al Estado palestino como al Estado de Israel, apostando por una solución pacífica que priorice la protección de la población civil, especialmente de los niños, atrapados en el fuego cruzado. Sin embargo, esta postura no ha sido bien recibida por la oposición, que critica el pronunciamiento en lugar de sumarse al llamado a la paz y a la atención de la crisis humanitaria. Pareciera que, para algunos, el silencio es preferible a la defensa de los derechos humanos, olvidando el sufrimiento de un pueblo que ha sido despojado de sus tierras y su dignidad.
Desde 1948, la ocupación israelí ha reducido el territorio palestino a un fragmento de lo que fue, construyendo muros y sembrando el control militar sobre la vida cotidiana de sus habitantes. La Nakba, la catástrofe de 1948, marcó el inicio de un éxodo forzado que expulsó a cientos de miles de palestinos de sus hogares, un trauma que resuena hasta nuestros días. La comunidad internacional, en su mayoría, ha normalizado este sufrimiento, mirando hacia otro lado mientras la desigualdad y la violencia se perpetúan. Este silencio cómplice se convierte en un arma tan letal como las bombas que caen sobre Gaza, robando no solo vidas, sino también la esperanza de un futuro mejor.
La indiferencia del mundo ante el drama humanitario en Gaza es una herida abierta en la conciencia de la humanidad. Cada niño que muere de hambre o enfermedad, cada familia que pierde su hogar, es un testimonio de nuestra incapacidad para actuar con justicia y compasión. Es urgente romper el silencio, exigir el cese de la violencia y garantizar el acceso a la ayuda humanitaria. El futuro de miles de niños palestinos depende de ello. No podemos permitir que la indiferencia se convierta en el epitafio de una generación perdida. La historia nos juzgará por nuestro silencio.
Fuente: El Heraldo de México