23 de mayo de 2025 a las 09:30
Domina la escritura de derecha a izquierda
La dicotomía izquierda-derecha, antaño herramienta para comprender el panorama político, se desdibuja cada vez más en un mundo donde los extremos, en su autoritarismo, se tocan. Ya no se trata de ideologías, sino de una preocupante tendencia hacia el control, la supresión de la disidencia y la concentración del poder, independientemente del color político que se enarbole. Observamos con inquietud cómo líderes, amparados en discursos populistas, erosionan las bases democráticas y restringen las libertades fundamentales.
El reciente ejemplo de El Salvador, donde la Asamblea Legislativa, dominada por el partido gobernante, aprobó una ley para controlar a ONGs y medios de comunicación, resulta escalofriante. Esta “Ley de Agentes Extranjeros”, eufemismo que esconde su verdadera naturaleza mordaza, recuerda a la implementada en Nicaragua por el régimen de Ortega. Ambos, Bukele y Ortega, supuestamente en polos opuestos del espectro ideológico, convergen en su afán por silenciar las voces críticas. Periodistas, activistas y defensores de derechos humanos son perseguidos, encarcelados, sin el debido proceso, víctimas de un sistema que criminaliza la disidencia.
Y este patrón se replica, con matices propios, en otras latitudes. En Estados Unidos, la era Trump normalizó la descalificación de la prensa y la estigmatización de la oposición. En Venezuela, el gobierno de Maduro ha clausurado emisoras de radio, limitando la libertad de expresión. En Rusia, la comunidad LGBTQI+ sufre persecución sistemática. Incluso en Argentina, con la llegada de Milei, se cierran organismos dedicados a la búsqueda de desaparecidos y se obstaculiza el derecho a la protesta, según reportes de Human Rights Watch. Estos ejemplos, dispersos geográficamente e ideológicamente, comparten un denominador común: la intolerancia a la crítica y la voluntad de controlar la narrativa.
¿Acaso estamos presenciando el surgimiento de un nuevo tipo de autoritarismo, camuflado bajo distintos discursos, pero con la misma esencia represiva? Parece que la etiqueta de “izquierda” o “derecha” ya no basta para comprender la complejidad del poder. Debemos mirar más allá de las etiquetas y analizar las acciones, las políticas implementadas, el respeto a los derechos fundamentales. La defensa de la libertad de expresión, el derecho a la protesta, la independencia del poder judicial, son valores universales que trascienden las ideologías. No podemos permitir que el miedo y la polarización nos cieguen ante el avance de gobiernos autoritarios, independientemente de su supuesto color político.
En estos tiempos turbulentos, recordamos las palabras de Steve Jobs: “Las mejores personas son las que no se doblegan y son capaces, en medio de la tormenta, de pensar diferente”. Es precisamente ese pensamiento crítico, esa capacidad de cuestionar y disentir, lo que debemos proteger a toda costa. La defensa de la democracia y la libertad es una tarea constante, que exige vigilancia y la participación activa de la ciudadanía. No podemos ser cómplices del silencio, ni permitir que el autoritarismo, bajo cualquier disfraz ideológico, se imponga.
Fuente: El Heraldo de México