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23 de mayo de 2025 a las 23:25
Alejandro Fernández y Karla: Un vistazo a su lujosa vida
Adentrémonos en el oasis privado de Alejandro Fernández y Karla Laveaga, un remanso de paz y estilo en el corazón de Guadalajara. Mucho más que una simple casa, Casa Rosa es una declaración de amor a la arquitectura, al diseño y a la vida en pareja. Imaginen un espacio donde la historia se funde con la modernidad, donde los ecos del pasado susurran entre líneas contemporáneas. Esta joya arquitectónica, concebida en 1978 por el talentoso Andrés Casillas de Alba, discípulo del maestro Luis Barragán, ha renacido bajo la mirada apasionada de Alejandro Fernández, quien, con un respeto reverencial por la obra original, ha insuflado nueva vida a sus espacios.
El cambio de color exterior, de un rosa pálido a un tono tierra que evoca la magia de Marruecos, es solo la primera pincelada de esta transformación. En el interior, la calidez de materiales nobles como el cuero, el ladrillo y el barro envuelven al visitante en un abrazo acogedor. La sala principal, presidida por un imponente piano, es el escenario perfecto para veladas llenas de música y conversaciones íntimas, un reflejo de la elegancia innata del "Potrillo". La cocina, en una sinfonía de tonos oscuros y madera, destila un aroma a hogar y a momentos compartidos.
Pero el verdadero corazón de Casa Rosa late en su jardín trasero, un edén diseñado por Daniel Orozco. Imaginen la escena: árboles frondosos que filtran la luz del sol, hamacas que invitan al descanso y rincones acogedores donde perderse en la lectura o simplemente dejarse arrullar por la melodía de la naturaleza. “A veces venimos a leer aquí y ponemos música; otras veces, solo escuchamos el entorno”, confiesa Alejandro, revelando la magia de este santuario personal. La terraza principal, amueblada con piezas de Peca Estudio y Clásicos Mexicanos, es el lugar predilecto para las reuniones familiares, un espacio donde se tejen los lazos y se comparten los momentos más preciados. Un detalle que conmueve: una habitación especialmente dedicada a la madre del cantante, testimonio del profundo amor y respeto que siente por ella.
Aunque el valor exacto de la propiedad se mantiene en secreto, los expertos susurran cifras que superan los 50 millones de pesos. No es de extrañar, considerando su diseño único, su ubicación privilegiada en una de las zonas más exclusivas de Guadalajara y las mejoras realizadas por la pareja. Casa Rosa es mucho más que una inversión inmobiliaria; es una inversión en felicidad, en un futuro compartido.
La historia de amor de Alejandro y Karla, que comenzó en 2008 en las calles de Guadalajara, ha florecido como un rosal a pesar de las espinas del camino. Tras una breve separación en 2019, el amor resurgió con más fuerza, consolidando una relación que muchos consideran tan sólida como un matrimonio. A sus 54 años, Alejandro no descarta la posibilidad de agrandar la familia con Karla, quien anhela tener hijos. “Yo ya tengo mi familia hecha, pero creo que a ella sí le interesa tener hijos. Entonces, es algo que se puede hablar. No tengo problema”, afirma el cantante, dejando entrever un futuro lleno de posibilidades.
Karla Laveaga, una joven guadalajareña llena de talento y pasión, ha conquistado el mundo de la moda y las redes sociales. Modelo, influencer y amante del arte, comparte su estilo de vida y proyectos creativos con sus más de 270 mil seguidores en Instagram. Su espíritu libre y creativo se complementa a la perfección con la personalidad de Alejandro, creando una sinergia que se refleja en cada rincón de Casa Rosa.
Alejandro Fernández, el "Potrillo" que ha conquistado los corazones de millones con su voz inigualable, continúa escribiendo su historia, una historia llena de música, pasión y amor. Con más de 40 millones de discos vendidos y una carrera que abarca desde el mariachi hasta el pop latino, Alejandro se ha consolidado como una de las figuras más influyentes de la música en español. Casa Rosa, testigo silencioso de su evolución personal y artística, es el reflejo de un hombre que ha encontrado la armonía en el amor y en la belleza. Un hombre que, al igual que el buen vino, mejora con el tiempo.
Fuente: El Heraldo de México