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22 de mayo de 2025 a las 17:05

Túnel del escape: ¿Fuga en Culiacán?

La calma tensa que usualmente rodea al penal de Aguaruto en Culiacán se vio brutalmente interrumpida el miércoles al mediodía. Un intenso intercambio de disparos, como un trueno en día despejado, resonó entre los muros del centro penitenciario, alertando a las autoridades y sembrando la inquietud entre los vecinos. Lo que inicialmente parecía un enfrentamiento más entre reos, pronto reveló una trama mucho más compleja y preocupante.

La respuesta de las fuerzas del orden fue inmediata y contundente. Un despliegue operativo a gran escala se puso en marcha, con patrullajes aéreos que sobrevolaban la zona como aves de presa, el cierre de vialidades clave que paralizó el tráfico de la ciudad y la presencia imponente de unidades blindadas alrededor del penal, como un cerco de acero. La tensión era palpable, el aire se cargaba con la incertidumbre de lo que ocurría tras los muros.

Tras controlar la situación, lo que las autoridades descubrieron en el interior del penal de Aguaruto no hizo más que aumentar la gravedad del incidente. No se trataba solo de un enfrentamiento entre internos, sino de algo mucho más sofisticado y peligroso. Un túnel, excavado con paciencia y sigilo, se abría paso desde las entrañas del centro penitenciario. Con aproximadamente cinco metros de profundidad y una longitud de 15 metros, la obra de ingeniería clandestina apuntaba a una posible ruta de escape o, peor aún, a una red de movimientos ilícitos dentro y fuera del penal.

Pero el túnel no era la única sorpresa que aguardaba a las autoridades. Un arsenal, digno de una película de acción, fue incautado en el operativo. Cinco fusiles AK-47, capaces de sembrar el caos con su potencia de fuego. Cinco rifles AR-15, conocidos por su precisión y letalidad. Una subametralladora P90, compacta y mortal en espacios cerrados. Catorce pistolas de distintos calibres, listas para ser usadas en cualquier momento. Una granada de mano, con el potencial de causar una devastación indiscriminada. Y como si fuera poco, tres artefactos explosivos improvisados, una amenaza latente que podría haber desencadenado una tragedia. Más de 90 cargadores completaban el macabro inventario, una clara señal de que quienes controlaban este arsenal estaban preparados para una confrontación prolongada.

La investigación, aún en curso, intenta desentrañar la madeja de interrogantes que este hallazgo plantea. ¿Quién orquestó la construcción del túnel? ¿Cuál era el propósito del arsenal? ¿Existía un plan de fuga masiva? ¿O se trataba de algo más siniestro, como el control del penal desde adentro?

El descubrimiento de drogas, aunque en pequeñas cantidades, —presuntamente cocaína y marihuana— añade otra capa de complejidad al caso, sugiriendo la posible operación de una red de narcotráfico dentro del penal.

Y la pieza final del rompecabezas, quizás la más inquietante, es el equipo tecnológico encontrado junto al armamento. Teléfonos celulares, radios y una laptop, herramientas para mantener la comunicación con el exterior. Pero lo que realmente llama la atención es la presencia de módems e incluso un sistema Starlink, una tecnología de comunicación satelital que proporciona acceso a internet de alta velocidad en cualquier parte del mundo. Este hallazgo sugiere un nivel de sofisticación y recursos que va mucho más allá de lo que se esperaría encontrar en un centro penitenciario. ¿Quién proporcionó este equipo y con qué propósito? ¿Qué tipo de información se transmitía a través de esta red clandestina?

A pesar de la magnitud del incidente y la gravedad de los hallazgos, las autoridades no han reportado personas fallecidas ni heridas durante el enfrentamiento. Tampoco han proporcionado detalles sobre posibles traslados de internos o detenciones derivadas de la investigación. El silencio oficial alimenta las especulaciones y la incertidumbre, mientras la sociedad exige respuestas y acciones concretas para garantizar la seguridad y la justicia.

El incidente en el penal de Aguaruto ha dejado al descubierto una preocupante realidad: la fragilidad del sistema penitenciario y la capacidad de las organizaciones criminales para operar incluso desde dentro de los muros de la prisión. La investigación en curso deberá esclarecer los hechos y llevar a los responsables ante la justicia, pero también es necesario una profunda reflexión sobre las fallas del sistema y las medidas necesarias para prevenir futuros incidentes de esta magnitud.

Fuente: El Heraldo de México