22 de mayo de 2025 a las 07:00
Rescatada tras 10 años de cautiverio en Perú
Diez años robados. Una década de silencio forzado. La historia de Joana Garza Delgado conmueve y estremece a ambos lados de la frontera, una historia que nos recuerda la oscura realidad de la violencia de género y la trata de personas. Imaginen, diez años sin ver la luz del sol con la libertad que merece, diez años privada del contacto con sus seres queridos, diez años sometida a la voluntad de su captor, Jorge Seminario Ramos, en una vivienda de El Porvenir, Chiclayo, Perú.
El rescate, ocurrido el pasado 17 de mayo, fue como un rayo de luz en la oscuridad. Joana, de 31 años, fue hallada junto a sus dos hijas, frutos de esa unión forzada, una de tres y otra de ocho años. Niñas que han crecido entre las sombras del cautiverio, testigos silenciosas del sufrimiento de su madre. ¿Qué futuro les espera ahora? ¿Cómo borrar las huellas de esta experiencia traumática? El Programa Nacional Warmi Ñan, con la celeridad que el caso amerita, ha extendido su mano protectora a Joana y sus hijas, brindándoles atención integral y asesoría legal para iniciar el camino hacia la recuperación.
La detención de Seminario Ramos y sus presuntos cómplices, entre ellos la suegra y la cuñada de Joana, abre una nueva etapa en este doloroso proceso. Estas mujeres, ¿eran cómplices o también víctimas del mismo agresor? La justicia peruana deberá determinar su grado de responsabilidad en esta trama de secuestro y violencia. La denuncia de Joana sobre las amenazas, la violencia económica y el control absoluto que ejercía su pareja sobre ella, pinta un cuadro desolador de manipulación y sometimiento.
La conmoción es palpable en México y Perú. La solidaridad trasciende fronteras. La imagen de Joana en la conferencia de prensa, con la mirada aún llena de temor pero con la voz firme de quien ha decidido romper el silencio, es un testimonio de la fuerza del espíritu humano. Sus palabras resuenan con la angustia de quien ha vivido una pesadilla: “Mi familia no sabía si estaba viva”. La comunicación clandestina con su hermana, a través de un viejo celular y con el poco dinero que lograba sustraer a escondidas, fue el hilo delgado que la mantuvo conectada a la esperanza.
El caso de Joana nos interpela como sociedad. Nos obliga a reflexionar sobre la vulnerabilidad de las mujeres ante la violencia machista, sobre la necesidad de fortalecer las redes de apoyo y los mecanismos de protección, sobre la importancia de la educación en igualdad y respeto. Joana, con su valentía, nos recuerda que el silencio no es una opción. Su historia debe ser un llamado a la acción para prevenir que otras mujeres sufran el mismo destino. El camino hacia la justicia recién comienza, pero Joana ya ha dado el paso más importante: ha recuperado su voz y su libertad. Ahora, el reto es acompañarla en su proceso de sanación y garantizar que ella y sus hijas tengan la oportunidad de reconstruir sus vidas.
Fuente: El Heraldo de México