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22 de mayo de 2025 a las 16:10
Justicia para anciano de 92 años
La imagen de Donald Burgess, un hombre de 92 años con una sola pierna, sentado en su silla de ruedas mientras un agente de policía le rocía gas pimienta directamente al rostro, ha conmocionado al Reino Unido. El vídeo, grabado por la cámara corporal del propio agente, ha desatado una ola de indignación y ha puesto bajo la lupa la actuación policial, especialmente en el trato a las personas mayores vulnerables. ¿Cómo se pudo llegar a este extremo? ¿Era realmente necesaria tanta violencia contra un anciano que, según los informes, simplemente se negaba a soltar un cuchillo de untar mantequilla?
Las preguntas se agolpan y las respuestas parecen esquivas. El incidente, ocurrido en una residencia de ancianos en St Leonards-on-Sea, East Sussex, ha abierto un profundo debate sobre el uso de la fuerza por parte de la policía y la necesidad de protocolos más claros para tratar con personas mayores, especialmente aquellas con discapacidades o problemas cognitivos. ¿Se les está dando a los agentes la formación adecuada para manejar estas situaciones delicadas? ¿Existen mecanismos de control suficientes para prevenir abusos de poder?
La muerte de Donald Burgess 22 días después del incidente, tras ser hospitalizado y contagiarse de Covid-19, añade otra capa de complejidad al caso. Si bien no se ha establecido una relación causal directa entre el uso de la fuerza policial y el fallecimiento, la cronología de los hechos inevitablemente plantea interrogantes. ¿El estrés del incidente pudo haber debilitado su sistema inmunológico? ¿El traslado al hospital lo expuso al virus? Estas son preguntas que la investigación deberá responder.
La actuación de los agentes Stephen Smith y Rachel Comotto, quienes además del gas pimienta utilizaron una pistola táser contra el anciano, está siendo examinada minuciosamente. El jurado deberá determinar si el uso de la fuerza fue proporcional a la amenaza percibida y si se siguieron los procedimientos establecidos. Muchos se preguntan si la situación no se podría haber resuelto de manera pacífica, mediante la negociación y la desescalada del conflicto. ¿No había alternativas al uso de la fuerza contra un hombre nonagenario, con movilidad reducida y armado con un cuchillo de mantequilla?
El caso de Donald Burgess ha trascendido el ámbito policial y se ha convertido en un símbolo de la vulnerabilidad de las personas mayores en nuestra sociedad. Ha puesto de manifiesto la necesidad de una mayor sensibilización y formación en el cuidado de este sector de la población, tanto por parte de las fuerzas del orden como del personal de las residencias de ancianos. Es fundamental garantizar que las personas mayores reciban el respeto, la dignidad y la protección que merecen, especialmente en situaciones de vulnerabilidad. El legado de Donald Burgess debería ser un llamado a la reflexión y a la acción para que incidentes como este no se repitan jamás. La sociedad debe preguntarse: ¿Estamos haciendo lo suficiente para proteger a nuestros mayores?
Fuente: El Heraldo de México