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22 de mayo de 2025 a las 05:25
Coordinación en la búsqueda de personas con Rosa Icela Rodríguez
La desesperanza se palpa en el aire, un manto pesado que cubre los rostros marcados por la incertidumbre. La búsqueda incansable, los días que se convierten en semanas, las semanas en meses, y los meses en años. La ausencia se convierte en una presencia constante, un hueco que ningún consuelo puede llenar. En el Salón Benito Juárez, las paredes parecen absorber el dolor de quienes buscan, de quienes claman justicia. Las palabras de la secretaria Rosa Icela Rodríguez, un bálsamo temporal en una herida profunda, resuenan con la promesa de un trabajo conjunto, un rayo de esperanza en la oscuridad.
Pero, ¿qué significa trabajar juntos en un país donde la impunidad ha echado raíces profundas? ¿Cómo se construye la confianza cuando las instituciones, a menudo, parecen ser parte del problema? Las familias de los desaparecidos, convertidas en investigadores, en forenses, en abogadas de sus propias causas, cargan con un peso que ningún ser humano debería soportar. Recorren caminos polvorientos, se adentran en terrenos peligrosos, enfrentan la indiferencia y la corrupción, con la única fuerza que les queda: el amor. Un amor que se niega a olvidar, que se aferra a la esperanza, aunque esta sea tenue como la llama de una vela en medio de la tormenta.
La reunión en Bucareli, con la presencia de figuras clave como Bertha Alcalde Luján y Sara Irene Herrerías, representa un paso importante, un reconocimiento a la lucha de los colectivos. Escuchar sus voces, sus demandas, sus historias, es fundamental para comprender la magnitud de la tragedia. Pero las palabras, por sí solas, no bastan. Se necesitan acciones concretas, resultados tangibles. Se necesita un compromiso real por parte de todas las instancias involucradas para desmantelar las redes de impunidad, para sancionar a los responsables y, sobre todo, para prevenir que nuevas familias se sumen a este doloroso viacrucis.
La iniciativa de ley que se enviará al Congreso de la Unión es una oportunidad para sentar las bases de un cambio profundo. Una oportunidad para que las leyes, en lugar de ser un obstáculo, se conviertan en un instrumento de justicia. Es crucial que esta iniciativa recoja las aportaciones de los colectivos, que refleje la experiencia de quienes han vivido en carne propia el horror de la desaparición. Que se garantice el acceso a la justicia, la reparación integral del daño y, fundamentalmente, la no repetición.
El camino hacia la verdad y la justicia es largo y tortuoso. Está sembrado de obstáculos y desafíos. Pero la lucha de los colectivos, su perseverancia, su valentía, nos recuerda que la esperanza no se extingue. Que en la unión, en la solidaridad, en la exigencia constante de verdad y justicia, reside la fuerza para transformar el dolor en memoria, la ausencia en presencia, y la impunidad en castigo. La promesa de cambio resuena en los pasillos de Bucareli, pero la verdadera transformación dependerá de la voluntad política y de la capacidad de convertir las palabras en acciones. El tiempo apremia. Cada día que pasa sin respuestas es una herida que se agranda en el corazón de quienes buscan.
Fuente: El Heraldo de México