21 de mayo de 2025 a las 23:05
Guanajuato: Fiesta sangrienta
La madrugada del 19 de mayo quedará grabada en la memoria colectiva de San Bartolo de Berrios como un día teñido de sangre y dolor. El eco de las balas que arrebataron la vida a siete jóvenes, en plena plaza pública y tras una celebración por el Día de las Madres, aún resuena en las calles, transformando la alegría festiva en un clamor desgarrador por justicia. No se trata de simples estadísticas, son siete vidas truncadas, siete familias destrozadas, un pueblo entero sumido en la incertidumbre y el miedo. La sombra de la violencia, que ya se cernía sobre Guanajuato, se ha materializado en esta tragedia, dejando al descubierto la fragilidad de la paz y la urgencia de acciones contundentes.
La Conferencia del Episcopado Mexicano, con la voz firme y compasiva que la caracteriza, ha alzado la voz para exigir justicia, no solo por las víctimas de San Bartolo, sino por todas las comunidades que sufren los embates de la violencia en el país. Sus palabras, impregnadas de dolor y consternación, reflejan el sentir de una nación cansada de la impunidad y la indiferencia. "No podemos permanecer indiferentes", claman los obispos, haciendo un llamado a la conciencia colectiva y a la responsabilidad de las autoridades para frenar esta espiral de violencia que amenaza con devorarlo todo.
La Arquidiócesis de León, a través del Arzobispo Jaime Calderón, ha proporcionado detalles desgarradores sobre el ataque. Ocurrió alrededor de las 2:00 am, justo después de que las familias de San Bartolo celebraran el Día de las Madres en la plaza. Un momento de alegría y unión familiar brutalmente interrumpido por la irrupción de la violencia. Entre las víctimas se encontraban dos hermanos, hijos del delegado de la comunidad, César Emmanuel y Ángel Gerardo, de 17 y 24 años respectivamente. Sus sueños, al igual que los de Mariano de la Rosa, Ángel Rodríguez, Braulio Ortiz, Ángel Luis Corona y Miguel Jiménez, fueron apagados por la barbarie. La comunidad LGBTIQ+ también está de luto, Miguel Jiménez, uno de los jóvenes asesinados, pertenecía a este colectivo, recordándonos que la violencia no discrimina y que todos, sin importar nuestra identidad, somos vulnerables ante esta terrible realidad.
A la tragedia del asesinato se suma la amenaza latente. Mantas con mensajes intimidatorios, relacionadas con la guerra entre el Cártel Santa Rosa de Lima y el Cártel Jalisco Nueva Generación, han aparecido en la comunidad. Un recordatorio brutal de que la violencia no es un hecho aislado, sino un síntoma de un conflicto mayor que se disputa en las calles y que cobra la vida de personas inocentes. La pregunta que resuena en San Bartolo de Berrios y en todo Guanajuato es: ¿Hasta cuándo? ¿Hasta cuándo seguiremos contando muertos? ¿Hasta cuándo la impunidad seguirá siendo la norma? La exigencia de justicia no es solo un clamor, es un derecho, una necesidad urgente para sanar las heridas de un pueblo que se niega a ser silenciado por el miedo. Es el momento de actuar, de exigir respuestas y de construir un futuro donde la paz no sea una utopía, sino una realidad palpable para todos.
Fuente: El Heraldo de México