21 de mayo de 2025 a las 09:45
El Príncipe Guaraní y su Hotel Real
El Diablo viste de rojo, y en Toluca, ese rojo se teñía con el aura majestuosa del Hotel del Rey. Más que un simple alojamiento, se convirtió en el santuario, en la fortaleza inexpugnable de un equipo legendario que conquistó cinco campeonatos en siete años, inscribiendo su nombre con letras doradas en la historia de la Liga MX. No solo se hospedaban allí, vivían, respiraban, forjaban la leyenda que aún hoy resuena en las gradas del Nemesio Díez.
José Saturnino Cardozo, el "Príncipe Guaraní", recuerda con una nostalgia palpable aquellos días gloriosos. Sus palabras, cargadas de emoción, pintan un cuadro vívido de la conexión casi mística entre el equipo y el hotel. "Siempre queríamos la misma habitación", confiesa, y la anécdota de la habitación 103, con sus cortinas especiales y las toallas cubriendo cualquier atisbo de luz, revela la personalidad singular de un goleador implacable, un hombre de rituales y supersticiones, tan meticuloso en la cancha como en su descanso. Imaginen la escena: el máximo goleador histórico del Toluca, envuelto en la oscuridad absoluta, preparándose mentalmente para la siguiente batalla, para el próximo gol que haría vibrar al estadio.
El Hotel del Rey no era solo un refugio para los jugadores, era el epicentro de la pasión escarlata. Los aficionados, ávidos de un autógrafo, de un saludo, de una foto con sus ídolos, se agolpaban en el corredor de piso anaranjado, cerca de la nueva recepción, esperando pacientes a que Cristante, Da Silva, Sinha, Sánchez y, por supuesto, el mismísimo Cardozo, emergieran para firmar autógrafos y compartir un instante de gloria con su fiel hinchada.
El eco de aquellos días resuena aún en los pasillos del hotel. La imagen de Cardozo comprando boletos en la agencia de viajes, compartiendo una curiosa coincidencia con el agente, ambos nacidos bajo el amparo de San José el 19 de marzo, añade un toque de magia a la narrativa. Un detalle que nos recuerda que, más allá de las estadísticas y los récords, detrás de cada leyenda hay una persona, con sus manías, sus creencias y sus coincidencias inexplicables.
La fachada roja del hotel, frente a la Puerta Tollotzin, se convertía en un faro para la afición. Un símbolo de la era dorada del Deportivo Toluca, un tiempo de victorias, de goles, de pasión desbordada. Un tiempo en el que el Hotel del Rey, con su jardín techado, su pasillo que conectaba la entrada principal con el restaurante, el piano y el violinista amenizando las veladas, se transformó en el escenario perfecto para la construcción de una leyenda. Una leyenda forjada a base de talento, de trabajo en equipo, y de una conexión especial con un lugar que, para siempre, quedará grabado en la memoria de los aficionados como el hogar del Diablo Rojo.
Fuente: El Heraldo de México