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21 de mayo de 2025 a las 05:05
Ciudad Valles: ¿50 grados? ¡Imposible!
El sol cae a plomo sobre Ciudad Valles. Un sol implacable, inclemente, que castiga con sus 43 grados centígrados, pero que se siente como 50 en la piel, una losa invisible que aplasta el ánimo y agota las fuerzas. Mientras en otros rincones del país se desatan las alertas, se activan protocolos de emergencia y las autoridades se apresuran a mitigar los efectos del calor extremo, aquí, en el corazón de la Huasteca Potosina, la vida sigue su curso, como si el fuego celestial fuera una simple brisa. Los vallesanos, curtidos por el sol, salen a ganarse el pan bajo un cielo de brasas, sin más protección que una gorra desgastada y una botella de agua tibia. Vendedores ambulantes con sus mercancías a cuestas, albañiles levantando muros bajo el sol abrasador, repartidores surcando las calles como espectros de asfalto, todos comparten el mismo destino: resistir. "Aquí no hay de otra", comenta Javier, un trabajador del centro, con la resignación grabada en el rostro, "si no trabajas, no comes. El calor es lo de menos cuando la necesidad aprieta".
La paradoja es cruel. Ciudad Valles, un horno a cielo abierto, no figura en los registros oficiales de las ciudades más calurosas de México. La humedad, propia de su clima tropical, amplifica la sensación térmica, convirtiendo el aire en una masa densa y sofocante. Pero la ausencia en los mapas oficiales se traduce en invisibilidad, en olvido. Mientras que en el norte del país se emiten alertas y se implementan medidas de contingencia, aquí, en este rincón olvidado, la costumbre ha normalizado el extremo, el sufrimiento silencioso se ha convertido en rutina. Y las consecuencias son tangibles: deshidrataciones, golpes de calor, incluso muertes en las últimas semanas, testimonios mudos de un calor que mata en silencio.
Pero el sol no es el único enemigo que acecha en la oscuridad. Cuando el astro rey se oculta, otra batalla comienza. Al caer la noche, la oscuridad se apodera de Ciudad Valles, no la oscuridad natural del crepúsculo, sino la oscuridad impuesta por los constantes cortes de luz. A partir de las diez de la noche, múltiples colonias se sumergen en las tinieblas, transformadores obsoletos que colapsan bajo la demanda, una infraestructura eléctrica decrépita que abandona a su suerte a cientos de familias. Niños, ancianos, enfermos, todos luchan contra el calor asfixiante sin la mínima posibilidad de alivio. Sin ventiladores, sin aires acondicionados, solo el bochorno y la desesperación como compañeros de vigilia.
La Comisión Federal de Electricidad, ajena al sufrimiento de los vallesanos, cobra una de las tarifas más altas del país en esta zona. Las quejas se acumulan, los reportes se multiplican, pero la respuesta es siempre la misma: el silencio. Mientras tanto, los recibos llegan puntuales, con cifras que, según los testimonios de los vecinos, a menudo duplican el consumo real. Una injusticia que se suma al abandono, una carga más sobre los hombros de quienes ya soportan el peso del calor extremo.
En junio de 2023, los termómetros de Ciudad Valles alcanzaron la escalofriante cifra de 50°C, un récord que, sin embargo, no fue suficiente para incluir a la ciudad en los mapas oficiales del calor extremo. Hoy, la historia se repite. Desde este rincón olvidado, se alza un clamor, un grito desesperado que busca romper el silencio. No piden medallas, no buscan reconocimientos vanos, solo exigen lo básico: acceso a hidratación pública, protocolos laborales que protejan a los trabajadores, campañas de prevención, una mejora sustancial del suministro eléctrico y, sobre todo, visibilidad. Visibilidad ante un abandono que quema más que el sol. Porque Ciudad Valles arde, resiste, sobrevive… pero lo hace en silencio, un silencio que urge romper.
Fuente: El Heraldo de México