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21 de mayo de 2025 a las 09:20

¿Acamoto 2025: el fin de una era?

La resaca del Acamoto 2025 aún se siente en las calles de Acapulco. Más allá de las motos relucientes y el rugir de los motores, persiste un eco de caos y descontrol que nos obliga a reflexionar sobre el futuro de este evento. ¿Es el Acamoto una celebración de la libertad o una peligrosa espiral de anarquía? Las imágenes que circularon en redes sociales, crudas y perturbadoras, hablan por sí solas: saqueos, vandalismo, violencia desmedida y un preocupante desprecio por la ley. No podemos, ni debemos, normalizar estas conductas bajo el pretexto de la fiesta y la diversión. El Acamoto, en su edición 2025, dejó de ser un festival para convertirse en un síntoma, un reflejo de la fragilidad del Estado de Derecho y la normalización de la impunidad.

La comparación con el AcaFest, aquel festival musical organizado por Televisa en los años 90 y principios de los 2000, resulta inevitable y dolorosa. En aquel entonces, Acapulco brillaba como un destino turístico de primer nivel, y el AcaFest, con sus conciertos y eventos, contribuía a esa imagen. Hoy, la imagen que proyecta el Acamoto es la de un puerto a la deriva, donde la ley se diluye entre el ruido de los escapes y la euforia descontrolada.

No se trata de demonizar a los motociclistas. Entendemos que la gran mayoría busca la convivencia y la camaradería, la emoción del viaje y la pasión por las motocicletas. Sin embargo, una minoría, amparada en la masa, siembra el caos y desprestigia a toda la comunidad. Es precisamente por respeto a esos motociclistas responsables que se hace urgente una profunda reestructuración del evento.

¿Qué falló en el Acamoto 2025? La falta de previsión por parte de las autoridades es evidente. La improvisación y la ausencia de protocolos de seguridad crearon un vacío que fue rápidamente llenado por la violencia y el desorden. La permisividad ante los primeros actos de vandalismo envió un mensaje de impunidad que incentivó aún más el caos. No podemos seguir culpando a la “fiesta” o a la “espontaneidad”. Detrás de cada evento masivo debe existir una planificación rigurosa, una estrategia de seguridad y un firme compromiso por parte de las autoridades para garantizar el orden y el respeto a la ley.

El Acamoto, en su formato actual, es insostenible. No podemos permitir que Acapulco se convierta en sinónimo de anarquía y violencia. Es necesario un replanteamiento total, un diálogo franco entre autoridades, sociedad civil y representantes de los motociclistas para rediseñar el evento y dotarlo de un marco regulatorio que garantice la seguridad y el bienestar de todos.

La "Noche Harley" del antiguo AcaFest, con su punto de encuentro en el Hard Rock, evoca una época en la que la convivencia y la pasión por las motos no estaban reñidas con el orden y el respeto. Recuperar ese espíritu, esa esencia, es fundamental para el futuro del Acamoto. De lo contrario, corremos el riesgo de que este evento, en lugar de ser un motor de desarrollo turístico y económico, se convierta en una amenaza para el propio Acapulco.

El futuro del Acamoto está en juego. La decisión de continuarlo o no, y en qué formato, debe ser tomada con responsabilidad y visión de futuro. No podemos permitir que la sombra de la violencia eclipse el brillo de Acapulco. Es hora de actuar, de reconstruir la imagen del puerto y de devolverle la paz y la tranquilidad a sus habitantes. La responsabilidad es compartida, y el tiempo apremia.

Fuente: El Heraldo de México