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20 de mayo de 2025 a las 05:15

Venados rescatados en Michoacán encuentran nuevo hogar

La situación de los venados cola blanca en el predio de El Guayabo Sur, Arteaga, Michoacán, nos recuerda la importancia del manejo responsable de la vida silvestre. Más allá de las cifras, 39 venados trasladados, 6 que aún esperan su reubicación, hay una historia de incumplimiento que pone en relieve la fragilidad de estas especies y la necesidad de una actuación firme por parte de las autoridades.

Imaginemos la vida de estos 45 venados, nacidos y criados en un espacio que, si bien les ofrecía alimento y refugio, carecía de la legalidad y las condiciones óptimas para su desarrollo. Un predio sin autorización, sin un plan de manejo que garantice su bienestar, es un espacio vulnerable, expuesto a riesgos sanitarios, de maltrato e incluso de tráfico ilegal. La intervención de PROFEPA, del Zoológico de Morelia, de la UMA San Francisco Uruapan y de la Policía Municipal, fue crucial para rescatar a estos animales de una situación precaria y ofrecerles una nueva oportunidad en lugares autorizados.

La historia de este predio no es un caso aislado. A menudo, la falta de conocimiento o el deseo de poseer ejemplares de vida silvestre sin comprender la responsabilidad que conlleva, conducen a situaciones similares. La presentación de un escrito por parte del administrador del predio, poniendo a disposición de PROFEPA los ejemplares, podría interpretarse como un intento de regularizar su situación. Sin embargo, la falta de seguimiento, la ausencia de documentos que acreditaran su registro ante la SEMARNAT, demuestran una clara despreocupación por el bienestar de los animales y el cumplimiento de la ley.

El incremento en el número de venados, de 36 a 45 ejemplares, nos habla de la capacidad reproductiva de la especie en condiciones favorables, pero también de la necesidad de un control y manejo adecuados para evitar la sobrepoblación y sus consecuencias. La decisión de trasladar a los 39 venados a UMAs y predios con instalaciones adecuadas y seguras, es una muestra del compromiso de las autoridades con la conservación de la vida silvestre. El uso de anestésicos y las buenas prácticas durante el traslado, así como la revisión médica posterior por veterinarios especializados, reflejan la preocupación por el bienestar animal durante todo el proceso.

Este caso nos invita a reflexionar sobre la importancia de la educación ambiental y la difusión de la legislación en materia de vida silvestre. Poseer ejemplares de fauna, ya sean nacionales o exóticos, no es un capricho, es una responsabilidad. Requiere autorizaciones, planes de manejo, infraestructura adecuada y un profundo respeto por la vida de estos animales. Las multas y decomisos son consecuencias necesarias para disuadir estas prácticas, pero la verdadera solución radica en la conciencia y el compromiso de todos por la conservación de la biodiversidad. La vida silvestre es un patrimonio que debemos proteger, no una mercancía que podamos poseer a nuestro antojo. Informémonos, respetemos la ley y contribuyamos a un futuro donde la convivencia entre el ser humano y la naturaleza sea armónica y sostenible.

Fuente: El Heraldo de México