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20 de mayo de 2025 a las 09:10

Respeta el voto, decide tu futuro

El próximo domingo, un día que quedará marcado en los anales de la historia de México, seremos testigos de un acontecimiento sin precedentes: la elección popular de los guardianes de nuestra justicia. Ministros, magistrados y jueces, los pilares de nuestro sistema jurídico, serán elegidos por el voto ciudadano. Ante este escenario inédito, una pregunta resuena con fuerza en la conciencia colectiva: ¿es esta una promesa de renovación y democratización o el preludio de una era de incertidumbre y politización de la justicia?

El debate público se ha polarizado entre los entusiastas defensores de la reforma y quienes la perciben como una amenaza a la independencia judicial. Los primeros, con fervor casi religioso, pintan un futuro idílico donde la voz del pueblo, expresada en las urnas, purificará el sistema y lo acercará a la verdadera justicia. Los segundos, con tono apocalíptico, advierten sobre los peligros de someter la imparcialidad de la justicia a los vaivenes de la opinión pública y las presiones políticas. En medio de este choque de visiones, el ciudadano de a pie se encuentra en una encrucijada, tratando de discernir la verdad entre el optimismo desbordado y el pesimismo catastrófico.

La disyuntiva no se limita a la elección entre candidatos. Un sector significativo de la población, convencido de la ilegitimidad de la reforma, aboga por la abstención como forma de protesta. Acusan a quienes promueven la participación de ser cómplices de un proceso que, a su juicio, socava los cimientos del Estado de Derecho. Esta postura, a su vez, es recibida con indignación por quienes consideran que la abstención es una traición a la democracia y una renuncia a la responsabilidad cívica. En este clima de confrontación, la palabra "traidor" se ha convertido en un arma arrojadiza, desgastada por el uso excesivo, pero que aún conserva su poder de herir y dividir.

La necesidad de un debate serio e informado se vuelve imperante. Debemos trascender las descalificaciones fáciles y analizar a fondo las implicaciones de esta reforma. La preocupación central radica en la posibilidad de que los jueces, en su afán por obtener el favor popular, prioricen la popularidad sobre la justicia, la ética y el apego a la ley. Esta tendencia a la demagogia, presente tanto en el oficialismo como en la oposición, obstruye el diálogo y la búsqueda de consensos.

Recordando la sabiduría de Abraham Lincoln, quien ante la afirmación de un general de que Dios estaba de su lado, preguntó si ellos estaban del lado de Dios, debemos cuestionarnos si esta reforma nos acerca o nos aleja de la justicia verdadera. La madurez política reside en la capacidad de dudar, de autocriticarse y de evitar las simplificaciones maniqueas.

Independientemente de la decisión individual de cada ciudadano, ya sea participar en la elección o abstenerse, lo fundamental es respetar la diversidad de opiniones. En una sociedad democrática, todas las voces deben ser escuchadas y consideradas. La comprensión y el respeto mutuo son los pilares sobre los que se construye una convivencia pacífica y un futuro compartido.

Por otro lado, la tragedia del buque-escuela Cuauhtémoc en Nueva York ha puesto de manifiesto la mezquindad y el oportunismo político que lamentablemente caracterizan a ciertos sectores de nuestra sociedad. En lugar de unirse en solidaridad con las víctimas y sus familias, algunos han utilizado este doloroso suceso para lanzar acusaciones infundadas y sembrar la discordia. Es una muestra de la falta de empatía y del desprecio por el dolor ajeno que deberían ser repudiados por toda la sociedad. Es preciso esperar los resultados de las investigaciones oficiales, realizadas por las autoridades estadounidenses, para determinar las causas del accidente y deslindar responsabilidades. Mientras tanto, lo que corresponde es expresar nuestras condolencias a las víctimas y sus seres queridos, y brindar nuestro apoyo a la tripulación del buque y a la Marina Armada de México.

Fuente: El Heraldo de México