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20 de mayo de 2025 a las 12:55
Encuentra tu paz interior
Adentrémonos en el fascinante universo de la poesía, un territorio que, a menudo, se percibe envuelto en un halo de misterio y elitismo. Rosario Castellanos, con la lucidez que la caracteriza, nos invita a desmitificar esta concepción y a comprender la verdadera esencia de este arte, tan accesible como la ciencia, pero con una carga emocional que la torna única.
Valery nos habla de la poesía como una llave, una herramienta para descifrar el orden cósmico, para comprender las intrincadas relaciones entre los seres. Imaginemos al poeta como un explorador, provisto de un lenguaje cifrado, capaz de abrir las puertas a realidades armoniosas, a mundos invisibles para el ojo común. Las palabras, esos ladrillos con los que construimos la comunicación cotidiana, adquieren en la poesía una nueva dimensión, un significado trascendental, un matiz distinto que nos permite percibir la realidad desde una perspectiva renovada.
Contrario a la creencia popular, la poesía no es un lenguaje inaccesible, reservado para unos pocos iniciados. Su comprensión no requiere un adiestramiento riguroso, como sí lo exige la ciencia. La poesía nos habla directamente al corazón, su verdad está impregnada de emoción, y es precisamente esa emotividad la que facilita su acceso, la que la hace resonar en lo más profundo de nuestro ser.
A diferencia del científico, que busca la objetividad, el poeta se nos presenta en toda su subjetividad. Su voz es un eco de su propia experiencia, de sus anhelos, de sus contradicciones. En la poesía, lo eterno se filtra a través del tamiz de lo personal, de lo finito, de lo perecedero. El poeta, en su búsqueda de lo universal, se ve obligado a explorar su propio universo interior, a excavar en las profundidades de su ser hasta encontrar ese punto de conexión con el mundo, ese lugar donde su origen y su destino se funden con el origen y el destino de la humanidad.
Castellanos destaca la necesidad del poeta de trascender su individualidad, de romper las cadenas de la soledad para reconectar con lo demás. En ese proceso de comunión con el universo, la poesía se revela como una actividad casi religiosa, un acto de fe en la palabra, en su poder para crear puentes, para sanar las heridas del alma, para construir un sentido de pertenencia.
En una sociedad que a menudo prioriza lo práctico, lo utilitario, la poesía se presenta como un acto de resistencia, una reivindicación de lo intangible, de la belleza, de la emoción. Es un recordatorio de que la vida es mucho más que la suma de sus partes, que existe una dimensión espiritual que nos conecta con algo más grande que nosotros mismos. Y en esa conexión, en esa búsqueda de sentido, reside la verdadera función de la poesía, un oficio que, a pesar de sus aparentes inutilidades, nos enriquece, nos transforma y nos recuerda que somos parte de un todo. Un todo que Rosario Castellanos, con su prosa poética y su aguda visión, nos invita a explorar. Un cielo sin fronteras, donde la palabra se convierte en el vehículo para alcanzar la trascendencia.
Fuente: El Heraldo de México