20 de mayo de 2025 a las 09:40
El peso de la gloria
Adentrémonos en el fascinante mundo del maratón, un universo donde la resistencia física y mental se entrelazan en una danza de superación. No hablamos solo de kilómetros recorridos, sino del peso invisible que cargan los atletas, esa presión inmensa que reduce la vida a una simple ecuación: ganar o perder. Figuras legendarias como Gebrselassie, Kipchoge, Radcliffe, Bikila, Ndereba, Kipsang o Samuelson, titanes del asfalto, nos han regalado historias épicas de perseverancia, testimonios vivos de la lucha constante entre el triunfo y la derrota. Sus vidas, casi secuestradas por la disciplina férrea del deporte, se concentran en un momento fugaz, poco más de dos horas, donde se juega todo: el sustento, el reconocimiento, la validación de su existencia como atletas.
El brillo de una medalla, ese metal frío y circular, esconde un peso mucho mayor que el de sus gramos. Representa la culminación de un sacrificio extremo, la materialización de años de entrenamiento, la respuesta a la constante interrogación sobre la propia capacidad. Un estudio de la Universidad de Toronto revela la fragilidad que se esconde tras la aparente fortaleza de estos atletas de élite. La presión, el estrés, la exigencia constante, los convierten en presas fáciles de trastornos mentales como la ansiedad y la depresión. Afortunadamente, el silencio se está rompiendo. Cada vez más deportistas alzan la voz, comparten sus luchas internas y priorizan su salud mental, incluso si eso implica pausar sus carreras.
Eliud Kipchoge, un nombre que resuena con fuerza en el Olimpo del atletismo, se ha convertido en un referente en la conversación sobre salud mental. El keniata, doble campeón olímpico y poseedor del récord mundial de maratón, no solo ha demostrado una excepcional fortaleza física, sino también una admirable resiliencia mental. Su filosofía, centrada en la autoconfianza y la fe en el propio potencial, ha trascendido las pistas de atletismo para inspirar a millones. "Haz del mundo un mundo de corredores" y "ningún ser humano tiene límites", son sus mantras, mensajes poderosos que impulsan a superar las barreras autoimpuestas.
¿Y qué hay de los corredores aficionados? Para ellos, cruzar la meta de un maratón no es simplemente un logro deportivo, es una victoria personal, la confirmación tangible de su capacidad para alcanzar metas ambiciosas. Es la recompensa a meses, incluso años, de sacrificios, de malabares entre las obligaciones laborales, familiares y el entrenamiento riguroso. La medalla, en este caso, es un trofeo que simboliza la perseverancia, la disciplina y la superación personal.
Sin embargo, es crucial mantener una perspectiva realista. No somos Kipchoge, ni Gebrselassie, ni Radcliffe. Nuestras vidas no giran en torno al running, no podemos controlar cada variable del entrenamiento ni aislarlo de las complejidades del día a día. La clave está en encontrar el equilibrio, en afrontar los retos con serenidad, sin sucumbir a la presión. Correr no debe ser una obligación, sino un regalo, una fuente de disfrute y bienestar. El objetivo no es necesariamente completar un maratón, sino disfrutar del proceso, del camino recorrido, de la conexión con uno mismo y con la pasión por correr.
Fuente: El Heraldo de México