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20 de mayo de 2025 a las 21:20

¡El jamón te está cambiando!

El inconfundible aroma del pan recién horneado, la suavidad del jamón y la cremosidad del aguacate… la torta de jamón es un desayuno que evoca la ajetreada mañana mexicana, una solución rápida y sabrosa para comenzar el día. Sin embargo, este clásico, tan arraigado en nuestras costumbres, esconde algunas verdades nutricionales que vale la pena analizar. Si bien es una opción práctica y económica, ¿realmente es saludable convertirla en un hábito diario?

La respuesta, como en la mayoría de los casos relacionados con la nutrición, no es un simple sí o no. Si bien la torta de jamón no es un alimento "prohibido", su consumo frecuente, especialmente si no se compensa con una dieta equilibrada en el resto del día, puede tener implicaciones para nuestra salud a largo plazo. Desmenucemos los ingredientes para entender el porqué.

El jamón, protagonista indiscutible de esta preparación, suele ser procesado, lo que significa un alto contenido en sodio y conservadores como los nitritos. El sodio, aunque necesario para el organismo, en exceso se convierte en un enemigo silencioso, incrementando el riesgo de hipertensión, enfermedades cardiovasculares e incluso problemas renales. Y aunque el delicioso sabor salado nos atrape, debemos recordar que nuestra salud es un tesoro que debemos proteger.

Acompañando al jamón, encontramos otros ingredientes que, si bien aportan sabor y textura, pueden sumar calorías vacías y grasas saturadas. La mayonesa, los quesos procesados y el pan blanco refinado, contribuyen a un aumento de peso no deseado y a desequilibrios en los niveles de colesterol. Imaginemos una balanza: si de un lado ponemos la torta de jamón diaria y del otro no hay suficiente actividad física ni una alimentación variada y rica en nutrientes, la balanza se inclinará hacia un escenario poco favorable para nuestra salud.

La torta de jamón tradicional también carece de un elemento fundamental: la fibra. Ausentes las frutas, verduras o cereales integrales, este desayuno nos deja con una baja ingesta de fibra, vitaminas y minerales esenciales para un correcto funcionamiento del organismo. La fibra, como una escoba invisible, limpia nuestro sistema digestivo, regula el azúcar en la sangre y nos protege de enfermedades.

Pero no todo está perdido. La torta de jamón no tiene por qué desaparecer de nuestro menú. La clave está en la moderación y en la búsqueda de alternativas más saludables. ¿Qué tal sustituir el pan blanco por pan integral? Añadirle unas rodajas de tomate y lechuga fresca para un aporte extra de vitaminas y fibra. Incluso, optar por jamón de pavo o pechuga de pollo en lugar del jamón procesado. Pequeños cambios que marcan una gran diferencia.

Imaginemos un semáforo nutricional. La torta de jamón diaria, sin modificaciones, estaría en luz roja. Con algunos ajustes inteligentes, podemos llevarla a la luz amarilla, permitiéndonos disfrutarla ocasionalmente sin culpas. Y si la combinamos con un estilo de vida activo y una alimentación balanceada en general, incluso podríamos verla en luz verde, como parte de un plan alimenticio completo y saludable.

No se trata de demonizar a la torta de jamón, sino de ser conscientes de su impacto en nuestra salud y de tomar decisiones informadas. El placer de disfrutarla no debe eclipsar la importancia de cuidar nuestro cuerpo, ese templo que nos acompaña a lo largo de la vida.

Fuente: El Heraldo de México