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20 de mayo de 2025 a las 12:55

Desbloquea tu pico de inteligencia

La historia de Albert Einstein, alcanzando la cima de la física teórica a la temprana edad de 26 años, a menudo se utiliza como ejemplo del genio precoz. Su "año milagroso" de 1905, con la publicación de la teoría de la relatividad entre otros trabajos fundamentales, ha cimentado la idea de que la brillantez intelectual se manifiesta, principalmente, en la juventud. Sin embargo, la ciencia nos dice que este no es el caso. Lejos de ser una carrera contra el tiempo, el desarrollo de nuestras habilidades cognitivas es un proceso complejo, un fascinante tapiz de ascensos, descensos y mesetas que se extiende a lo largo de toda nuestra vida.

El estudio liderado por Joshua Hartshorne, publicado en el prestigioso MIT News, arroja luz sobre esta realidad. Contrario a la creencia popular de un declive cognitivo inevitable después de la juventud, la investigación revela un panorama mucho más matizado. Nuestras habilidades cognitivas no se desarrollan al unísono, ni se desvanecen de la misma manera. Imaginemos un jardín donde diferentes flores florecen en distintas estaciones: algunas alcanzan su máximo esplendor en la primavera de la juventud, mientras que otras requieren del cálido sol del verano de la madurez para desplegar toda su belleza. De la misma forma, nuestras capacidades cognitivas siguen ritmos individuales, alcanzando su punto álgido en diferentes momentos de nuestra vida.

La velocidad de procesamiento de la información, esa agilidad mental que nos permite reaccionar rápidamente a los estímulos, alcanza su cima alrededor de los 18-19 años, coincidiendo con el final de la adolescencia. Es la época de los reflejos rápidos, de la asimilación veloz de información, una etapa en la que el cerebro se encuentra en un estado de constante aprendizaje y adaptación. Sin embargo, esta habilidad, como un atleta que ha alcanzado su máximo rendimiento, comienza un lento pero inevitable declive a partir de entonces.

La memoria a corto plazo, esa capacidad para retener información durante un breve período de tiempo, alcanza su plenitud alrededor de los 25 años, manteniéndose en su punto máximo durante aproximadamente una década. Es la herramienta que nos permite recordar un número de teléfono el tiempo suficiente para marcarlo, o seguir el hilo de una conversación compleja. A partir de los 35 años, esta habilidad comienza a declinar gradualmente, aunque existen estrategias y ejercicios para mantenerla en forma.

Pero no todo es declive. A medida que algunas habilidades disminuyen, otras alcanzan su máximo esplendor. La capacidad de comprender las emociones ajenas, la empatía, esa habilidad fundamental para navegar las complejidades de las relaciones humanas, no alcanza su plenitud hasta los 40 o 50 años. Es el fruto de la experiencia acumulada, de las lecciones aprendidas, de la capacidad de ponerse en el lugar del otro. Y lo que es aún más sorprendente, algunas habilidades cognitivas continúan desarrollándose incluso en la tercera edad.

El estudio de Harvard y MIT desmintió la creencia de que el vocabulario disminuye con la edad. Por el contrario, se descubrió que las personas entre 65 y 75 años obtuvieron los mejores resultados en las pruebas de vocabulario, demostrando que la riqueza léxica y la comprensión del lenguaje pueden seguir creciendo a lo largo de la vida. Es como un árbol que, con el paso de los años, extiende sus raíces con mayor profundidad y sus ramas alcanzan una mayor altura.

En definitiva, el desarrollo cognitivo es un proceso dinámico y continuo, un viaje fascinante a través de las diferentes etapas de la vida. No se trata de un pico único en la juventud seguido de un declive inexorable, sino de una constante evolución, un baile entre el florecimiento y el declive de diferentes habilidades. Cada etapa de la vida nos ofrece la oportunidad de desarrollar y fortalecer diferentes aspectos de nuestra mente, recordándonos que el aprendizaje y el crecimiento son procesos que nos acompañan hasta el último día.

Fuente: El Heraldo de México