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21 de mayo de 2025 a las 00:45

Alcohol y sueño: ¿Enemigos irreconciliables?

El malestar posterior al consumo de alcohol, conocido popularmente como "cruda", va mucho más allá de un simple dolor de cabeza y sed intensa. De hecho, la ciencia está descubriendo que la raíz de este malestar, incluyendo la ansiedad y el insomnio que a menudo lo acompañan, se encuentra en la compleja interacción entre el alcohol, nuestro cerebro y, sorprendentemente, nuestro intestino.

Inicialmente, el alcohol, al ser un depresor del sistema nervioso central, genera una sensación de relajación. Nos sentimos más tranquilos, incluso somnolientos. Sin embargo, esta calma es engañosa. A medida que el cuerpo procesa el alcohol, este efecto sedante se revierte, dando paso a una sobreestimulación cerebral. Imaginen un péndulo: primero se va a un extremo, la calma profunda, y luego se dispara al otro, la hiperactividad. Esta es la razón por la cual, después de unas horas de aparente tranquilidad, podemos experimentar dificultades para conciliar el sueño, despertares frecuentes durante la noche y, al día siguiente, una sensación de ansiedad y nerviosismo que se suma al malestar general.

Diversos estudios respaldan esta conexión. La Universidad de California, en un estudio del 2021, reveló que un 70% de las personas que consumen alcohol presentan alteraciones del sueño. No se trata solo de no poder dormir, sino de la calidad del sueño: se dificulta alcanzar las fases profundas del sueño, esenciales para la reparación y regeneración del organismo. Esto explica por qué, después de una noche de copas, nos sentimos agotados, irritables y con dificultad para concentrarnos.

Pero la historia no termina aquí. Nuestro intestino, un órgano que cada vez se revela más complejo e influyente en nuestra salud general, también juega un papel crucial en la ecuación de la cruda. El alcohol, al ser una sustancia irritante, daña la mucosa intestinal, esa delicada barrera que protege nuestro organismo. Este daño altera el equilibrio de la microbiota intestinal, es decir, el conjunto de bacterias beneficiosas que residen en nuestro intestino y que son esenciales para nuestra salud. La inflamación resultante permite que toxinas y otros compuestos dañinos se filtren al torrente sanguíneo, agravando el malestar general y afectando, a su vez, al sistema nervioso, perpetuando el ciclo de ansiedad e insomnio.

Un descubrimiento fascinante en este campo es la relación entre la microbiota intestinal y el deseo de consumir alcohol. Investigaciones del Instituto de Neurociencia de la Universidad de Alberta (2022) mostraron que personas con trastorno por consumo de alcohol que recibieron trasplantes fecales, un procedimiento que busca restaurar el equilibrio de la microbiota, experimentaron una reducción del 40% en sus ansias de beber. Este hallazgo abre la puerta a nuevas y prometedoras terapias para combatir el alcoholismo.

La Universidad de Yonsei, en un estudio de 2023, profundizó en el concepto de "intestino permeable", un fenómeno que ocurre cuando la barrera intestinal se debilita, permitiendo el paso de sustancias indeseadas al torrente sanguíneo. Este estudio confirma la importancia de un intestino sano para minimizar los efectos negativos del alcohol, tanto a nivel físico como mental.

Entonces, ¿qué podemos hacer para mitigar los efectos de la cruda y proteger nuestra salud intestinal? La clave está en nutrir nuestra microbiota. Una dieta rica en fibra, el consumo de probióticos y alimentos fermentados, como el yogur o el kéfir, contribuyen a fortalecer la barrera intestinal y a reducir la inflamación. Priorizar la eliminación intestinal, a través de una adecuada hidratación y el consumo de alimentos ricos en fibra, ayuda a eliminar las toxinas que agravan el malestar.

En resumen, la próxima vez que consideres tomar una copa, recuerda que la batalla contra la cruda no solo se libra en tu hígado, sino también en tu cerebro y, muy especialmente, en tu intestino. Cuidar de estos tres sistemas es la mejor estrategia para disfrutar con moderación y minimizar las consecuencias negativas, tanto físicas como mentales, del consumo de alcohol. Un intestino sano es sinónimo de un cuerpo y una mente sanos.

Fuente: El Heraldo de México