19 de mayo de 2025 a las 09:30
Mujica: ¿Autonomía o dependencia femenina?
José Mujica, el ex presidente uruguayo que manejaba un Volkswagen escarabajo azul celeste, dejó una huella imborrable no solo por su austeridad personal, sino también por un legado en materia de Derechos Humanos y justicia social que resonó en toda América Latina. Más allá de la icónica imagen del hombre sencillo que rechazó los lujos del poder, Mujica lideró una transformación profunda en Uruguay, especialmente en lo que respecta a los derechos de las mujeres y la igualdad de género.
Durante su mandato, del 2010 al 2015, "Pepe", como se le conocía cariñosamente, impulsó un aumento sin precedentes del 73% en el presupuesto destinado a políticas de género. Este incremento no fue simplemente una cifra en un documento, sino la materialización de un compromiso con la vida y la seguridad de miles de mujeres. Gracias a esta inversión se fortalecieron los servicios de atención a víctimas de violencia doméstica, ofreciendo un refugio y un camino hacia la independencia a quienes sufrían en silencio. Se implementaron programas de autonomía económica, reconociendo la cruda realidad de que la dependencia financiera es a menudo la cadena que ata a las mujeres a situaciones de abuso.
Uno de los logros más emblemáticos de su gobierno fue la aprobación de la Ley 18.987 de Interrupción Voluntaria del Embarazo, una ley que despenalizó el aborto hasta las 12 semanas de gestación. Esta decisión, valiente y necesaria, no solo representó un avance en los derechos reproductivos de las mujeres, sino que también contribuyó a una disminución significativa en la mortalidad materna, protegiendo la vida y la salud de quienes se veían obligadas a recurrir a procedimientos inseguros.
La apuesta por la igualdad se extendió también al ámbito educativo. Bajo la administración de Mujica, se implementaron políticas que promovieron la inclusión de las mujeres en carreras tradicionalmente dominadas por hombres, logrando un aumento del 18% en la matrícula femenina en áreas técnico-profesionales. Este impulso abrió puertas y oportunidades para que las mujeres pudieran desarrollar su potencial en campos que antes les eran negados.
A pesar de estos avances significativos, Mujica, con la humildad que lo caracterizaba, reconocía que la batalla contra la desigualdad era un camino largo y complejo. Las brechas salariales, por ejemplo, seguían siendo una realidad palpable al final de su mandato, evidenciando la persistencia de estructuras injustas que aún debían ser derribadas.
Sin embargo, el legado de Mujica trasciende las estadísticas y los números. Su visión, profundamente humanista, planteó una nueva forma de entender el progreso, donde el bienestar de los más vulnerables, en especial las mujeres, se convirtió en el verdadero indicador del desarrollo social. Su liderazgo, austero pero firme, inspiró a millones en Latinoamérica y el mundo, demostrando que la política puede ser un instrumento de transformación social, un vehículo para construir sociedades más justas, equitativas e inclusivas. El "Pepe" que manejaba un vochito azul, nos dejó una lección invaluable: que la grandeza no se mide en riquezas materiales, sino en el impacto positivo que dejamos en la vida de los demás.
Fuente: El Heraldo de México