19 de mayo de 2025 a las 09:05
Mereces un trato digno
La búsqueda de la eficacia en los servicios públicos nos ha llevado, con frecuencia, a centrarnos en métricas cuantificables: presupuestos, infraestructura, número de atenciones. Si bien estos indicadores son fundamentales y reflejan la capacidad operativa de un sistema, existe una dimensión cualitativa, a menudo subestimada, que resulta esencial para un servicio verdaderamente centrado en las personas: el trato digno. No se trata de un añadido superficial, sino del corazón mismo de la atención, especialmente en áreas sensibles como la salud.
Como bien señala el investigador Mario Testa, la calidad de la atención no se limita a la pericia técnica. La aptitud crítica, la comprensión del contexto del paciente y la construcción de un vínculo humano genuino son pilares indispensables para una atención integral. Un profesional de la salud no solo trata una enfermedad, sino que acompaña a una persona en un momento de vulnerabilidad, y esa compañía requiere empatía, respeto y una profunda comprensión de las necesidades, que van más allá de lo meramente clínico.
En este sentido, la estrategia presentada desde la "mañanera del pueblo" por la presidenta Claudia Sheinbaum para impulsar el bienestar en las instituciones de salud a través de la cultura del trato digno, empático y humanizado, representa un paso fundamental. Priorizar el humanismo por encima de la burocracia y erradicar cualquier forma de despotismo o maltrato son imperativos éticos que, además, contribuyen a la eficacia del servicio. Una persona que acude a una clínica busca alivio, tanto físico como emocional, y un recibimiento cálido y humano tiene, en sí mismo, un efecto terapéutico invaluable.
Las acciones concretas que se desprenden de esta estrategia son alentadoras: la creación de comisiones para el seguimiento del trato digno, la elaboración de protocolos específicos, los talleres de humanización para el personal médico, la instalación de módulos de atención al derechohabiente, la disposición de personal capacitado para orientar a los pacientes, la implementación de equipos de respuesta rápida, la reducción de las filas, la supervisión en áreas de urgencia, la evaluación de la percepción de los usuarios y la difusión de números telefónicos para quejas. Todo esto conforma una red de apoyo que coloca al paciente en el centro, reconociendo su dignidad y sus derechos.
Esta cultura del trato digno cobra aún mayor relevancia en un país que ha luchado contra la deshumanización inherente al neoliberalismo, una ideología que, en su afán por la eficiencia y la productividad, a menudo olvida el valor intrínseco de cada persona. Recordar las palabras despectivas de un expresidente hacia las mujeres o las burlas de un exconsejero electoral hacia los indígenas nos muestra la importancia de construir un nuevo paradigma, un humanismo mexicano que valore la diversidad y la dignidad de todos.
La transformación de nuestro país no solo implica cambios estructurales y económicos, sino también una profunda transformación cultural. El trato digno en los servicios públicos no es un lujo, sino una necesidad, un derecho fundamental que contribuye a la construcción de una sociedad más justa, equitativa y solidaria. El camino hacia un sistema de salud verdaderamente eficaz pasa, inevitablemente, por el reconocimiento de la dignidad y la humanidad de cada paciente.
Fuente: El Heraldo de México