19 de mayo de 2025 a las 09:50
Hidrátate y energízate
El calor agobiante nos recuerda la fragilidad de nuestro suministro eléctrico. Más allá de una simple molestia, un apagón en estos días de temperaturas extremas puede tener consecuencias significativas para la salud, la economía y la vida cotidiana. No hablamos de un futuro distópico, sino de una realidad que ya hemos experimentado y que, según los expertos, podría repetirse con mayor frecuencia.
La Agencia Internacional de Energía (IEA, por sus siglas en inglés) ha encendido las alarmas. Su informe "Electricity 2025 and Forecast to 2027" revela un aumento del 2.7% en la demanda de electricidad en México durante 2024, una cifra que pone bajo una enorme presión al Sistema Eléctrico Nacional (SEN). Este incremento, impulsado por las olas de calor cada vez más intensas y prolongadas, nos sitúa en un escenario de vulnerabilidad. Recordemos mayo del año pasado, cuando 22 estados del país sufrieron cortes de suministro escalonados, afectando a más de 2.6 millones de usuarios. La demanda récord de 50 GW, un 9% superior al pico de 2023, sobrepasó la capacidad del sistema. La IEA apunta a una combinación de factores: planificación deficiente del mantenimiento, infraestructura insuficiente y, crucialmente, la incapacidad de satisfacer la creciente demanda con la capacidad existente.
La falta de un margen de reserva adecuado obligó a las autoridades a implementar apagones rotativos para evitar un colapso total de la red. Esta medida, si bien necesaria, evidenció la fragilidad del sistema y la urgente necesidad de invertir en su modernización y expansión. La situación se agrava aún más por las sequías prolongadas que afectan al país. La generación hidroeléctrica, que representa aproximadamente el 40% de la energía renovable en México, se ve severamente comprometida por la escasez de agua. Esto no solo reduce la disponibilidad de una fuente crucial de energía, sino que también afecta la capacidad del sistema para responder a picos de demanda. La hidroeléctrica, además de ser una fuente importante de generación, actúa como un respaldo vital cuando otras fuentes fallan, garantizando la confiabilidad y continuidad del SEN.
El verano de 2023 nos dio una amarga lección. La baja disponibilidad hidroeléctrica, combinada con un aumento repentino de la demanda, puso de manifiesto la importancia de una gestión eficiente de los recursos hídricos. La IEA señala que la generación hidroeléctrica anual acumulada en 2023 fue un 40% menor a la de 2022 y 2021, e incluso un 9% inferior a la de 2019, el año con la menor generación hidroeléctrica registrada en la historia de México. Ante la escasez de energía hidroeléctrica, las autoridades se vieron obligadas a incrementar la generación con gas natural, nuclear, solar y eólica, lo que, paradójicamente, aumentó las emisiones de gases de efecto invernadero del sector eléctrico en un 4% interanual, según la IEA. Es un círculo vicioso que debemos romper.
En este contexto, los proyectos hidroeléctricos planificados para 2026 y 2027 en Chiapas –las plantas en Peñitas, Angostura, Chicoasén II y Malpaso– cobran una relevancia estratégica. Estas obras, si bien no son la solución definitiva, representan un paso importante hacia la diversificación y el fortalecimiento del sistema eléctrico nacional. Sin embargo, no podemos depender únicamente de la infraestructura. Es fundamental impulsar la eficiencia energética, promover el uso responsable de la electricidad y explorar nuevas fuentes de energía renovable. El futuro de nuestro suministro eléctrico depende de una estrategia integral que aborde todos los aspectos del problema, desde la generación hasta el consumo. La estabilidad y la seguridad energética son pilares fundamentales para el desarrollo económico y el bienestar social. No podemos permitirnos seguir ignorando las señales de alarma.
Fuente: El Heraldo de México