19 de mayo de 2025 a las 17:20
Dile adiós a los gérmenes en casa: zapatos fuera
Adentrémonos en la fascinante historia de una costumbre tan arraigada como práctica: el descalzarse al entrar en casa. Mucho más que una simple norma de etiqueta, este hábito milenario, proveniente de las culturas asiáticas, nos conecta con una profunda tradición de respeto, pureza y, sorprendentemente, con una sabiduría ancestral que la ciencia moderna no deja de corroborar.
Imaginen las antiguas casas de China, con sus característicos suelos de madera y la costumbre de sentarse a ras del suelo. En este contexto, el calzado, portador inevitable del polvo y la suciedad del exterior, se convertía en un elemento disruptivo, una amenaza a la armonía y la limpieza del hogar. De ahí que descalzarse se convirtiera en un gesto de respeto no solo hacia el espacio, sino también hacia quienes lo habitaban.
Siglos después, esta tradición, adoptada en diversas partes del mundo, ha encontrado un nuevo respaldo en la ciencia. Estudios recientes han revelado la asombrosa cantidad de microorganismos, bacterias e incluso sustancias tóxicas que se adhieren a la suela de nuestros zapatos. Un estudio de 2017, por ejemplo, demostró la presencia de Clostridium difficile en un porcentaje significativo de los zapatos analizados. Esta bacteria, altamente contagiosa y peligrosa, puede causar infecciones graves, especialmente en personas con sistemas inmunológicos debilitados.
Y no se trata solo de bacterias. Investigaciones posteriores, como la realizada en 2022, han establecido una preocupante conexión entre las cepas de C. difficile presentes en el calzado del personal sanitario y las que afectan a pacientes hospitalizados. Un dato que nos invita a reflexionar sobre la importancia de esta práctica, no solo en el ámbito doméstico, sino también en entornos como hospitales y centros de salud.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) también ha aportado datos reveladores. En un análisis de 2023, se constató que más de la mitad del polvo que encontramos en nuestros hogares proviene del exterior, transportado, en gran medida, por nuestros zapatos. Plomo, materia fecal y una infinidad de partículas invisibles al ojo humano se convierten en huéspedes indeseados de nuestros hogares, poniendo en riesgo, especialmente, la salud de los más pequeños, quienes, por su tendencia a explorar el mundo con las manos y la boca, son más vulnerables a la exposición a estos contaminantes.
Si bien el riesgo para la población general se considera relativamente bajo, la presencia de bebés y niños pequeños en el hogar incrementa la necesidad de tomar precauciones. Imaginen a un pequeño gateando por el suelo, llevando a su boca objetos que han estado en contacto con la suela de los zapatos. La imagen, por sí sola, nos invita a replantearnos la importancia de mantener un entorno lo más limpio y seguro posible para ellos.
Además de los beneficios para la salud, descalzarse al llegar a casa contribuye a mantener la limpieza y el orden. ¿Quién no ha experimentado la frustración de encontrar huellas de barro, polvo o arena en el suelo recién limpio? Al dejar los zapatos en la entrada, no solo protegemos nuestra salud, sino que también simplificamos las tareas de limpieza, creando un ambiente más agradable y acogedor.
En definitiva, el acto de descalzarse al entrar en casa, lejos de ser una simple costumbre, se revela como una práctica inteligente y beneficiosa, respaldada tanto por la tradición como por la ciencia moderna. Un gesto sencillo, pero cargado de significado, que nos conecta con una sabiduría ancestral y nos invita a cuidar de nuestro hogar y de la salud de quienes lo habitan.
Fuente: El Heraldo de México