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19 de mayo de 2025 a las 02:35

Santos Foodies: ¡Pídeles un taco!

Sumidos en la fascinante historia de la santidad, nos encontramos con un enigma intrigante: ¿cuántos santos ha reconocido la Iglesia Católica? La respuesta, envuelta en la bruma del tiempo, se nos escapa como arena entre los dedos. No existe un registro infalible desde los albores de la veneración a los santos, lo que nos deja con estimaciones que oscilan entre los nueve mil y los veinte mil, cifras que por sí solas evocan la magnitud de esta tradición milenaria.

Un dato certero, como una isla en este mar de incertidumbre, nos revela que entre 1592 y 1978, tan solo 302 almas fueron elevadas a la santidad por la autoridad papal. Sin embargo, este panorama cambia drásticamente con la figura de Juan Pablo II, quien, en un período comprendido entre 1978 y 2005, canonizó a la asombrosa cifra de 483 santos, casi cien más que en los cuatro siglos precedentes a su pontificado. Esta explosión de canonizaciones nos invita a reflexionar sobre los criterios y las transformaciones que han moldeado el reconocimiento de la santidad a lo largo de la historia.

La lista de santos, extensa e imponente, se despliega ante nosotros como un tapiz tejido con hilos de fe, devoción y milagros. Si bien desconocemos el número exacto de sus integrantes, algunos nombres brillan con luz propia, grabados en la memoria colectiva por las razones de su veneración. Historias de vida ejemplares, votos clericales inquebrantables y la defensa de causas justas, son algunos de los motivos que han elevado a estas figuras a los altares.

Y en este universo de santidad, encontramos un rincón singular dedicado a la gastronomía. Diversos santos son invocados para asegurar la abundancia y la calidad de los alimentos y las bebidas, una tradición que nos habla de la profunda conexión entre lo sagrado y lo cotidiano. Adentrémonos en las historias de cuatro de estos protectores culinarios.

San Pascual Bailón, fraile franciscano que vivió en la España del siglo XVI (1540-1592), es recordado por milagros como la multiplicación del pan para los pobres, la curación de enfermos y la prodigiosa aparición de agua entre las piedras para saciar la sed de los necesitados. Durante el Virreinato de la Nueva España, las cocineras lo adoptaron como su santo protector, encomendándose a él para evitar accidentes en la cocina y asegurar el éxito de sus preparaciones.

Santa Marta de Betania, figura bíblica del Nuevo Testamento, es descrita como una mujer residente en la aldea de Betania, cerca de Jerusalén, junto a sus hermanos Lázaro y María. Testigo de la resurrección de Lázaro por obra de Jesús, quien se hospedó en su casa en tres ocasiones, Santa Marta es venerada como la patrona de las cocineras, las sirvientas, las amas de casa, los hoteleros, las lavanderas y, en general, de todos aquellos que se dedican a las labores del hogar. Su figura encarna la dedicación y el servicio desinteresado.

San Honorato, séptimo obispo de Amiens, ciudad al norte de Francia, en el siglo VI, es recordado por su vínculo con el gremio de panaderos, cuya sede se encontraba en su iglesia patronal. En París, la capital francesa, se le rinde homenaje con tres días de festividades dedicadas al pan, alimento esencial en la cultura gastronómica francesa. El "Pastel de San Honorato", un exquisito hojaldre relleno de crema, lleva su nombre y perpetúa su memoria en las mesas francesas.

San Arnulfo de Metz, obispo y consejero del palacio merovingio en el siglo VII, renunció a su cargo para dedicarse a la oración en el monasterio de Remiremont. Gran parte de su vida la dedicó a advertir a la población sobre los peligros de beber agua contaminada, instándolos a consumir cerveza, considerada en aquella época una bebida más segura. Esta peculiar preocupación por la salud pública lo convirtió, con el paso del tiempo, en el santo patrono de la cerveza, una bebida que, desde entonces, ha estado ligada a su nombre.

Fuente: El Heraldo de México