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18 de mayo de 2025 a las 22:25

Padrastro casi abusa de hijastra: Vecino revela todo

La pesadilla vivida por una niña de 13 años en la vereda San Andrés de Chinchiná, Caldas, ha conmocionado a toda Colombia. Tras la fachada de un hogar cristiano, se escondía un horror inimaginable. José Erley Ramírez Garcés, pastor de la comunidad, ha sido detenido y acusado de acceso carnal abusivo y secuestro de su propia hijastra. Las revelaciones que han salido a la luz son escalofriantes y pintan un cuadro de perversión y violencia que ha dejado a la comunidad en estado de shock.

El testimonio de la víctima es desgarrador. La menor relató cómo fue abusada por su padrastro y cómo, en un intento desesperado por salvar su vida, logró escapar de las garras del hombre que debía protegerla. La joven, con una valentía admirable, logró liberarse de las ataduras que la aprisionaban y corrió en busca de ayuda, con el terror reflejado en sus ojos.

Diego Osorio, un vecino que se convirtió en el ángel guardián de la niña, relata los momentos de angustia que presenció. El sonido de los gritos de auxilio rompió la tranquilidad de la tarde. Osorio, pensando inicialmente en una disputa doméstica, se asomó a la ventana y se encontró con una escena que jamás olvidará: una niña aterrorizada, con las manos y la boca atadas con cinta, suplicándole ayuda con la mirada. La música cristiana resonaba a todo volumen, un contraste perturbador con el horror que se desarrollaba en el interior de la vivienda.

La ayuda de Osorio fue crucial. Al liberarla, la niña le confesó el abuso sufrido y el macabro plan de su padrastro: asesinarla y enterrarla en un hoyo que él mismo estaba cavando. La frialdad con la que el pastor Ramírez Garcés planeó el crimen es estremecedora. Utilizaba la música religiosa como una pantalla para ocultar sus aberraciones, creando una atmósfera de aparente normalidad mientras cometía actos deleznables.

Las autoridades colombianas actúan con celeridad en este caso. La Fiscalía ha imputado a Ramírez Garcés por los delitos de acceso carnal abusivo y secuestro. La comunidad, conmocionada por la tragedia, exige justicia para la joven víctima. Se espera que el peso de la ley caiga con toda su fuerza sobre el responsable de este atroz crimen que ha dejado una profunda herida en la vereda San Andrés de Chinchiná.

Este caso nos recuerda la importancia de estar alerta y de denunciar cualquier sospecha de abuso. El silencio solo protege a los agresores. Debemos crear redes de apoyo y protección para los niños y niñas, y asegurarnos de que sus voces sean escuchadas y que sus derechos sean protegidos. La lucha contra la violencia intrafamiliar es una tarea de todos. No podemos permitir que horrores como este se repitan. La justicia para esta joven valiente es un imperativo moral. Su valentía al escapar y denunciar a su agresor debe ser un ejemplo para todos. Es un recordatorio de que incluso en la oscuridad más profunda, la esperanza y la justicia pueden prevalecer.

Fuente: El Heraldo de México