18 de mayo de 2025 a las 18:40
Humilde servidor, Papa León XIV
Un nuevo amanecer se abre para la Iglesia Católica. Con la humildad de quien se reconoce indigno de tan alta encomienda, pero con la firmeza de quien se sabe guiado por el amor de Dios, el Papa León XIV ha iniciado su pontificado. Sus primeras palabras, resonando en la Plaza de San Pedro y extendiéndose por el mundo entero, han sido un bálsamo de esperanza y un llamado a la unidad. "Sin ningún mérito", ha dicho, acercándose a los fieles no como un gobernante distante, sino como un hermano, un siervo dispuesto a caminar junto a su rebaño por la senda del amor divino.
En su homilía inaugural, el Santo Padre ha recordado la doble misión encomendada a Pedro: el amor y la unidad. Dos pilares fundamentales sobre los que se erige la Iglesia, dos faros que iluminan el camino hacia la reconciliación del mundo en el abrazo de Dios. Y es que, como ha señalado León XIV, el amor es la verdadera autoridad de la Iglesia de Roma, un amor que se entrega, que se sacrifica por el rebaño, siguiendo el ejemplo de Cristo. No se trata de imponer, de someter, ni de utilizar el poder para atraer a los fieles, sino de amar con la misma intensidad y generosidad que Jesús.
La imagen del nuevo Pontífice orando ante la tumba de San Pedro, en la intimidad del Altar de la Confesión, bajo el imponente baldaquino de Bernini, quedará grabada en la memoria colectiva como un símbolo de la profunda conexión que une a León XIV con la tradición apostólica. Posteriormente, la procesión hacia el altar exterior, ante la mirada protectora de la Virgen del Buen Consejo, ha reforzado la idea de una Iglesia que busca el consejo divino para guiar sus pasos.
El deseo expresado por el Papa de una Iglesia unida, fermento de reconciliación para un mundo fragmentado, es un llamado a la acción para todos los católicos. Su anhelo de ser una "pequeña levadura de unidad, de comunión y de fraternidad" nos invita a reflexionar sobre nuestro papel en la construcción de un mundo más justo y fraterno. Un mundo donde la luz de Cristo ilumine los corazones y su palabra consuele a los afligidos.
La imposición del palio y del anillo del pescador, especialmente este último entregado por el Cardenal Luis Antonio Tagle en un momento cargado de emotividad, ha simbolizado la investidura oficial del nuevo Papa y la continuidad de la misión petrina. Un momento solemne que ha marcado el inicio de un nuevo capítulo en la historia de la Iglesia.
Finalmente, la exhortación del Santo Padre a construir una Iglesia misionera, abierta al mundo, dispuesta al diálogo y a ser "fermento de concordia para la humanidad", resume la esencia de su mensaje. Un mensaje de esperanza, de unidad y de amor que nos impulsa a caminar juntos, como hermanos, hacia Dios. Un camino que, sin duda, estará lleno de desafíos, pero que, bajo la guía de León XIV, se vislumbra esperanzador. Su llamado a amarnos los unos a los otros, a construir la unidad y a ser testigos del amor de Cristo en el mundo, resonará en nuestros corazones como una guía para los tiempos venideros. Un tiempo de renovación, de escucha y de construcción de un mundo más fraterno, bajo la luz del Evangelio.
Fuente: El Heraldo de México