18 de mayo de 2025 a las 06:05
Fiesta clandestina: ataúdes, reggaetón y un detenido.
La aparente inocencia de una tarde de reggaetón se transformó en una escena de pesadilla en la colonia Guerrero. Lo que prometía ser un encuentro juvenil con las nuevas promesas del género, Loojan y Cachirula, derivó en un operativo de emergencia que dejó al descubierto una serie de irregularidades alarmantes en el establecimiento “Benemérita Sociedad Mutualista Familiar Unión y Concordia”. Imaginen la escena: aproximadamente mil quinientos jóvenes, la mayoría menores de edad, congregados en un espacio donde la música y la convivencia se veían opacadas por el peligro inminente.
La fiesta, promocionada desde principios de mayo, presuntamente por alumnos del CCH Vallejo, se convirtió en un foco rojo para las autoridades. Las denuncias ciudadanas, recibidas a través de la Base Diana, alertaban sobre una situación que se escapaba de control. La rápida intervención de Protección Civil y la Secretaría de Seguridad Ciudadana (SSC) destapó una realidad escalofriante.
No se trataba simplemente de una fiesta con exceso de alcohol. La imagen de ataúdes utilizados como hieleras, símbolo macabro de la precariedad y la irresponsabilidad, se grabó en la retina de los presentes. Extintores caducos desde 1999, rutas de evacuación inexistentes y una cantidad desproporcionada de alcohol configuraban un escenario propicio para la tragedia. Más de 800 menores de edad se encontraban en un espacio vulnerable, expuestos a un peligro latente que podría haber tenido consecuencias devastadoras.
El consumo desmedido de alcohol, especialmente de bebidas como los "azulitos" –una mezcla explosiva de vodka, energizante, refresco de limón y chile en polvo–, contribuyó a la intoxicación de al menos cuatro jóvenes. Estos “azulitos”, populares entre los adolescentes, representan un riesgo considerable debido a su alta graduación alcohólica y la facilidad con la que se pueden ingerir en grandes cantidades. La combinación de alcohol con otras sustancias, como las bebidas energizantes, aumenta el riesgo de deshidratación, problemas cardíacos e incluso intoxicación.
La detención de Antonio "N", dueño del establecimiento, y la clausura del inmueble por corrupción de menores son las primeras consecuencias de este evento que puso en evidencia la falta de control y la necesidad de una mayor vigilancia sobre este tipo de reuniones. La situación jurídica de Antonio "N" se definirá en los próximos días, pero la gravedad de los hechos exige una investigación exhaustiva y la aplicación de las sanciones correspondientes.
Este caso nos obliga a reflexionar sobre la responsabilidad de los adultos en la protección de los menores. La organización de eventos masivos para jóvenes requiere un estricto cumplimiento de las normas de seguridad y un control riguroso del consumo de alcohol. No podemos permitir que la diversión se convierta en una amenaza para la vida y la integridad de nuestros jóvenes. La pregunta que queda en el aire es: ¿qué medidas se tomarán para evitar que una situación similar se repita en el futuro? La respuesta está en manos de las autoridades y de la sociedad en su conjunto. Debemos trabajar juntos para garantizar que los espacios de ocio sean seguros y que nuestros jóvenes puedan disfrutar de su tiempo libre sin poner en riesgo su salud y su bienestar.
Fuente: El Heraldo de México