18 de mayo de 2025 a las 17:25
El Universo: ¿Tiene Fecha de Caducidad?
El inquietante destino del universo, una pregunta que ha resonado en la mente humana desde tiempos inmemoriales, vuelve a ser el centro de un intenso debate científico. Una nueva investigación, llevada a cabo por brillantes mentes de la Universidad de Radboud en Nijmegen, Países Bajos, ha sacudido los cimientos de la cosmología al sugerir que el final de todo lo que conocemos podría llegar mucho antes de lo previsto. Imaginen, un universo sumido en la oscuridad, un lienzo cósmico desprovisto de las brillantes pinceladas de las estrellas. Este escenario, antes relegado a un futuro inimaginablemente lejano, ahora parece cernirse sobre nosotros con una premura inquietante.
La clave de esta revolucionaria teoría reside en una reinterpretación de la radiación de Hawking, un concepto formulado por el legendario físico británico Stephen Hawking en 1975. Hawking, con su audacia intelectual, desafió los pilares de la relatividad general al postular que los agujeros negros, esos enigmáticos devoradores de materia y energía, no son eternos. Propuso que, a lo largo de eones, estos colosos cósmicos se evaporan lentamente, emitiendo una tenue radiación que lleva su nombre.
Lo que los científicos de Radboud han logrado es extender este principio a otros objetos celestes, como las estrellas de neutrones e incluso las enanas blancas, los remanentes estelares que un día fueron soles resplandecientes como el nuestro. Han descubierto que el "tiempo de evaporación" de estos cuerpos depende crucialmente de su densidad, lo que les ha permitido calcular, al menos teóricamente, la disolución final incluso de los objetos más longevos del cosmos.
Este hallazgo no solo implica un cambio drástico en nuestra comprensión del ciclo de vida del universo, sino que también abre nuevas vías para investigar los misterios más profundos de la física. Al explorar estos escenarios extremos, los científicos esperan desentrañar la naturaleza fundamental de la radiación de Hawking y, quizás, vislumbrar las leyes que gobiernan el destino final de todo lo que existe.
Las cifras, aunque inimaginablemente vastas, son reveladoras. Mientras que estimaciones previas situaban el fin del universo en un futuro inconcebiblemente distante, representado por un uno seguido de 1.100 ceros, los nuevos cálculos lo adelantan drásticamente a un "mero" uno seguido de 78 ceros, es decir, un trillón de años. Aunque esta cifra sigue siendo inconmensurable para la mente humana, representa un acortamiento significativo en la escala cósmica del tiempo. Es como si el universo, en términos de la eternidad, pudiera morir joven.
Sin embargo, antes de que el pánico se apodere de nosotros, es importante recordar que, a escala humana, estos tiempos son irrelevantes. A menos que la humanidad logre trascender las limitaciones de nuestro planeta y colonizar otros mundos, nuestra propia historia habrá concluido mucho antes de que el último suspiro del universo se desvanezca en la nada. De hecho, la preocupación más inmediata debería centrarse en preservar nuestro frágil hogar terrestre, ya que su futuro, a diferencia del del cosmos, sí está en nuestras manos. El estudio de Radboud nos invita a reflexionar no solo sobre la inmensidad del universo y su inevitable final, sino también sobre la precariedad de nuestra propia existencia y la responsabilidad que tenemos de proteger el único hogar que conocemos.
Fuente: El Heraldo de México