16 de mayo de 2025 a las 09:25
¿Tregua EU-China? Impacto en Sudamérica
La reciente tregua comercial entre China y Estados Unidos, aunque celebrada por ambos países como una victoria, deja entrever un complejo tablero geopolítico y económico con implicaciones de largo alcance. La reducción arancelaria, si bien significativa, no borra la tensión subyacente ni la competencia estratégica entre las dos potencias. Mientras China reduce sus aranceles a las importaciones estadounidenses a un nivel menor que el acordado en 2020, Estados Unidos, paradójicamente, los incrementa. Esta aparente contradicción revela la intención de Washington de presionar a Beijing para una mayor apertura de su mercado, especialmente en sectores clave como las telecomunicaciones y la inteligencia artificial, donde la transferencia de tecnología sigue siendo un punto de fricción.
La pregunta clave es si este acuerdo de 90 días sentará las bases para una relación comercial más estable y equilibrada o si se trata simplemente de una pausa en una guerra comercial de consecuencias impredecibles. La eliminación de la prohibición china a la compra de aviones Boeing es un signo positivo, pero no garantiza la apertura a otros sectores estratégicos. La persistencia de aranceles elevados por parte de Estados Unidos, superiores a los aplicados a sus socios tradicionales, sugiere una estrategia de presión continua y un intento de redirigir el comercio hacia otros países.
Por otro lado, la respuesta de China no se limita a la negociación arancelaria. La diversificación de mercados, con un enfoque particular en América del Sur, se presenta como una estrategia de contrapeso a la presión estadounidense. La reciente cumbre China-CELAC, con la presencia de líderes sudamericanos clave, y el anuncio de nuevos proyectos de inversión e infraestructura en la región, demuestran la creciente influencia china en el subcontinente. La apuesta por proyectos como el ambicioso ferrocarril que uniría Brasil y Perú, sin pasar por el Canal de Panamá, refleja una visión estratégica de largo plazo y un desafío a la hegemonía estadounidense en la región.
Este nuevo acuerdo, por lo tanto, no resuelve la compleja interdependencia económica entre China y Estados Unidos. La volatilidad de los mercados financieros ante las fluctuaciones en la relación bilateral evidencia la fragilidad del equilibrio actual. La guerra comercial no solo tiene implicaciones económicas, sino también geopolíticas, con China buscando activamente expandir su influencia en otras regiones del mundo. El futuro de la relación bilateral y el impacto en la economía global dependerán de la capacidad de ambas potencias para gestionar esta compleja interdependencia y encontrar un equilibrio que evite una escalada de tensiones con consecuencias imprevisibles para todos.
La estrategia de China de diversificar sus mercados, especialmente hacia América Latina, presenta tanto oportunidades como desafíos para la región. Si bien la inversión china puede impulsar el desarrollo de infraestructuras y el crecimiento económico, también plantea interrogantes sobre la sostenibilidad ambiental y social de estos proyectos. La creciente presencia china en la región requiere una respuesta estratégica por parte de los países latinoamericanos para aprovechar las oportunidades de inversión y comercio, al tiempo que se protegen los intereses nacionales y se promueve un desarrollo sostenible e inclusivo.
El acuerdo comercial, por tanto, es solo una pieza en un tablero geopolítico mucho más amplio. La competencia entre China y Estados Unidos se extiende más allá del ámbito comercial, abarcando la tecnología, la influencia geopolítica y la lucha por el liderazgo global. El futuro de esta compleja relación definirá el escenario internacional en las próximas décadas y tendrá un impacto profundo en la economía global y el equilibrio de poder mundial.
POR ISIDRO MORALES
Catedrático BUAP
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Fuente: El Heraldo de México