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16 de mayo de 2025 a las 07:25

Tragedia en Culiacán: Visita familiar termina en muerte

La tragedia ha golpeado de nuevo los muros del Centro Penitenciario de Aguaruto en Culiacán, dejando tras de sí un mar de preguntas y una creciente preocupación por la seguridad dentro de sus instalaciones. Guadalupe Amarantha, una mujer de 38 años, se desvaneció repentinamente durante una visita a su pareja, apagándose su vida ante los ojos de su hija. Una escena desgarradora que nos obliga a reflexionar sobre las condiciones y los protocolos de seguridad dentro de este penal.

Si bien las autoridades afirman que no se encontraron signos visibles de violencia en el cuerpo de Guadalupe, la incertidumbre se cierne como una sombra pesada. La Fiscalía General del Estado, con la prudencia que el caso amerita, ha iniciado una investigación exhaustiva y la necropsia de ley será la que dictamine la verdad tras este lamentable suceso. Su pareja, visiblemente afectado, ha declarado desconocer cualquier padecimiento grave que aquejara a Guadalupe, aumentando aún más el misterio en torno a su repentina partida.

Este incidente, sin embargo, no es un hecho aislado. Se suma a una serie de operativos que han sacudido al penal de Aguaruto en las últimas semanas, revelando una preocupante realidad: la permeabilidad de sus muros ante el ingreso de objetos y sustancias prohibidas. Imaginen la magnitud del problema: armas de fuego, granadas, cargadores, drogas, teléfonos celulares, armas punzocortantes, e incluso considerables sumas de dinero en efectivo, han sido confiscadas en recientes inspecciones. Una verdadera radiografía de la fragilidad del sistema de seguridad, un grito silencioso que exige respuestas y acciones contundentes.

El lunes pasado, en el módulo 28, el arsenal descubierto fue impactante: nueve armas de fuego, tres granadas de 40 milímetros, 17 cargadores y 264 envoltorios con presunta marihuana. Días antes, en otra operación, se incautaron drogas, equipos de conexión a internet, radios de comunicación, 507 armas punzocortantes y más de 47 mil pesos en efectivo. Y en una tercera intervención, también se decomisaron armas de fuego. Un patrón que no podemos ignorar, una tendencia que debe ser frenada de raíz.

¿Cómo es posible que estos objetos ingresen a un centro penitenciario? ¿Qué fallas en el sistema de seguridad permiten esta constante filtración? ¿Qué medidas se están tomando para garantizar la seguridad de los internos, del personal y de los visitantes? Estas son las preguntas que resuenan con fuerza en la opinión pública, demandando respuestas claras y acciones concretas.

La muerte de Guadalupe Amarantha, en estas circunstancias, adquiere una dimensión aún más trágica. Se convierte en un símbolo de la vulnerabilidad que se vive dentro de los muros del penal, en un llamado urgente a reforzar la seguridad y a garantizar la integridad de quienes se encuentran bajo su custodia. Mientras la Fiscalía continúa con las investigaciones, la sociedad espera con ansias los resultados de la necropsia y las conclusiones de las autoridades. Esperamos que se haga justicia y que se implementen las medidas necesarias para evitar que tragedias como esta se repitan. La vida de Guadalupe Amarantha, y la seguridad de todos aquellos que se encuentran dentro del Centro Penitenciario de Aguaruto, lo exigen.

Fuente: El Heraldo de México