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16 de mayo de 2025 a las 09:25

¡Somos Piñata!

Compañeros, camaradas, mentes despiertas de esta nación, ¿recuerdan aquel sueño inquietante del Doctor Patán? Un sueño vívido, palpable, donde la sombra amenazante de un gringo malencarado, sacado directamente del universo despiadado de Yellowstone, lo golpeaba sin tregua con la rústica justicia de un palo de escoba. Insultos en inglés, la lengua del imperio, resonaban en el aire onírico, marcando cada golpe con la crudeza de una realidad ineludible.

Despertar bañado en sudor frío, con el cráneo latiendo al ritmo de una melancolía profunda e indefinida, no era señal de una simple resaca. Era el eco de una verdad incómoda que se abría paso a través de la niebla del subconsciente: el trato, francamente deplorable, que los gringos nos han dispensado desde la llegada del señor Trump a la presidencia.

Sé lo que me dirán, lo escucho en los susurros de los pasillos del poder: “La compañera presidenta es la encarnación misma de la diplomacia, una virtuosa del capote frente al toro embravecido de la administración Trump 2.0”. Y sí, no puedo negar la maestría con la que, heredera del Von Ribentropp de Macuspana (el Excelentísimo Señor Ex Quinto Presidente Más Popular del Mundo, ESEPQPMPDM, para los amigos), ha sabido sortear las embestidas imperiales. No solo ha evitado el apocalipsis, sino que incluso ha arrancado elogios del mismísimo magnate norteamericano. Una proeza digna de admiración, sin duda.

Pero, y aquí radica el meollo del asunto, la brecha que nos separa del trato preferencial que algunos compañeros parecen disfrutar es abismal. A pesar del despliegue de habilidad diplomática del Segundo Piso de la Cuarta Transformación, la realidad, cruda e innegable, es que nos están tratando a patadas. Y me dirijo a ustedes, camaradas, con la esperanza de que, en un ejercicio de honestidad brutal, reconozcamos esta situación.

Repasemos los hechos, los golpes certeros del palo de escoba onírico: amenazas de aranceles, aplicadas con la crueldad de un juego macabro, medio retiradas en el último instante, pero dejando cicatrices en nuestra economía; drones militares zumbando como mosquitos en el cielo de nuestra soberanía; un barco de guerra, imponente y amenazante, paseándose frente a nuestras costas como un recordatorio constante de su poderío; un avión espía, ojo vigilante del imperio, escudriñando cada rincón de nuestro territorio; la solicitud, casi una exigencia, de permitir la entrada de fuerzas especiales a nuestro suelo patrio, una bofetada a la capacidad de nuestros propios organismos del orden.

Y la lista continúa: visas negadas a gobernadores y alcaldes, paisanos deportados con la crueldad de un portazo en la cara, amenazas de gravar las remesas, el sustento de tantas familias, tarifas abusivas al jitomate, y el veto a nuestros animales de granja por el infame gusano barrenador. (Un consejo de su Doctor: si ven carne de res a precio sospechosamente bajo, absténganse. Podría venir con premio).

En fin, camaradas, el propósito de esta columna, escrita con el corazón encogido por un dolor militante, es uno solo: reconocer, con la honestidad que nos exige la historia, que somos la piñata del imperio. Y ante esta realidad, ¿cuál será nuestra respuesta? ¿Seguiremos bailando al son de la música del palo de escoba, o encontraremos la fuerza para construir un futuro digno, libre de la sombra amenazante del gringo malencarado? La respuesta, compañeros, está en nuestras manos.

Fuente: El Heraldo de México