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16 de mayo de 2025 a las 19:20

Pobreza en el Cine de Oro: ¿Olvido o Dignidad?

El cine mexicano de la década de los 40, en pleno auge de su Época de Oro, se convirtió en un espejo de la realidad social del país, marcada por el contraste entre un floreciente crecimiento industrial, conocido como el Milagro Mexicano, y la persistente desigualdad que sumía a amplios sectores de la población en la pobreza. Dos obras maestras de este periodo, "Nosotros los Pobres" de Ismael Rodríguez y "Los Olvidados" de Luis Buñuel, ofrecen perspectivas divergentes sobre la misma problemática: el drama urbano de la pobreza en la Ciudad de México.

Mientras el PIB nacional experimentaba un crecimiento anual superior al 6%, un ritmo sin precedentes desde la Revolución Mexicana, las condiciones de vida de millones de personas en las grandes urbes y zonas rurales seguían siendo alarmantes. Esta dicotomía no pasó desapercibida para los cineastas, quienes encontraron en la pobreza un tema fértil para sus narrativas.

Ismael Rodríguez, con "Nosotros los Pobres" (1948), presenta una visión idealizada de la pobreza, centrándose en la fortaleza del espíritu humano y la solidaridad comunitaria. Pepe "El Toro", el protagonista encarnado por Pedro Infante, enfrenta la adversidad con optimismo y encuentra en su familia y vecinos un apoyo incondicional. La película, aderezada con canciones y humor, transmite un mensaje de esperanza: la unión y el amor como antídotos contra la injusticia y la miseria. La vecindad, lejos de ser un espacio de marginación, se convierte en un símbolo de identidad y resistencia.

Por otro lado, Luis Buñuel, en "Los Olvidados" (1950), desnuda la crudeza de la pobreza sin romanticismos. Su lente se posa sobre la vida de Pedro, un joven abandonado a su suerte en un entorno de violencia y delincuencia. La ausencia de figuras paternas, la indiferencia social y la brutalidad de las calles marcan el destino trágico del protagonista. A diferencia de "Nosotros los Pobres", aquí no hay espacio para la música alegre ni la redención fácil. Buñuel nos confronta con una realidad brutal, donde la esperanza parece un lujo inalcanzable.

Ambas películas, a pesar de sus contrastantes enfoques, se complementan para ofrecer un panorama completo de la complejidad de la pobreza en el México de la posguerra. Mientras Rodríguez apela a la emotividad y al espíritu de superación, Buñuel nos obliga a mirar de frente la desigualdad y sus devastadoras consecuencias. Esta dualidad enriquece el legado cinematográfico de la época y nos invita a reflexionar sobre las múltiples caras de una realidad social que, lamentablemente, sigue vigente en nuestros días.

Más allá de su valor artístico, ambas películas impulsaron las carreras de sus protagonistas. "Nosotros los Pobres" consolidó la fama de Pedro Infante y Blanca Estela Pavón, figuras icónicas del cine mexicano. "Los Olvidados", por su parte, catapultó a la fama a Roberto Cobo y Miguel Inclán, cuyas interpretaciones del Jaibo y Don Carmelo, respectivamente, se consideran hitos en la historia del cine nacional. El reconocimiento internacional de "Los Olvidados", incluida su inscripción en el registro Memoria del Mundo de la UNESCO, consolida su importancia como documento histórico y testimonio de una época.

Fuente: El Heraldo de México