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16 de mayo de 2025 a las 21:45

¡No duermas con tu perro! (Razón veterinaria)

Acurrucarse con nuestro fiel compañero canino al final del día puede ser una experiencia reconfortante, una muestra palpable del vínculo inquebrantable que nos une. Para muchos, Fido o Luna no son solo mascotas, son miembros de la familia, confidentes peludos que ofrecen calor y compañía incondicional. Sin embargo, tras esta imagen idílica se esconde una realidad que debemos considerar: la opinión de los expertos veterinarios, quienes desaconsejan compartir la cama con nuestras mascotas. Aunque parezca una recomendación fría, se basa en razones de peso relacionadas con la higiene, la calidad del sueño y la dinámica familiar.

Empecemos por la higiene. Nuestros perros, por más aseados que sean, son exploradores natos. Sus paseos diarios, sus olfateos curiosos por parques y jardines, los convierten en portadores involuntarios de una miríada de microorganismos, desde alérgenos comunes como el polen, hasta parásitos intestinales y bacterias potencialmente dañinas. Incluso con baños regulares y una higiene impecable, es prácticamente imposible garantizar la ausencia total de estos agentes en su pelaje. Al compartir la cama, transferimos estos elementos a nuestras sábanas y almohadas, exponiéndonos a posibles infecciones o reacciones alérgicas, especialmente en personas con sistemas inmunológicos comprometidos o niños pequeños.

Más allá de la higiene, el descanso reparador es un pilar fundamental para nuestra salud física y mental. Los perros, a diferencia de nosotros, tienen ciclos de sueño más cortos y fragmentados. Sus movimientos nocturnos, jadeos, ladridos ocasionales e incluso episodios de sonambulismo pueden interrumpir nuestro sueño profundo, provocando un descanso deficiente a largo plazo. Este déficit de sueño puede manifestarse en forma de cansancio crónico, irritabilidad, dificultad para concentrarse e incluso problemas de salud más serios a largo plazo. Si bien el calor y la compañía de nuestra mascota pueden ser reconfortantes, debemos priorizar la calidad de nuestro sueño para garantizar un bienestar integral.

Finalmente, la dinámica familiar también juega un papel crucial en esta decisión. La llegada de un bebé, por ejemplo, introduce una nueva dimensión a la convivencia con nuestra mascota. En esta etapa, la higiene y la seguridad del recién nacido son primordiales, y compartir la cama con un animal, por más querido que sea, puede representar un riesgo innecesario. Además, establecer límites claros desde el principio facilita la adaptación de la mascota a los cambios en la dinámica familiar, evitando posibles celos o comportamientos territoriales. Educar a nuestro perro para que duerma en su propio espacio, una cómoda cama para mascotas ubicada en un lugar tranquilo y seguro de la casa, no solo beneficia la higiene y el descanso de todos, sino que también fortalece su independencia y le proporciona un refugio propio donde sentirse seguro.

En definitiva, aunque el cariño y la compañía de nuestros perros son invaluables, es importante sopesar los pros y los contras de compartir la cama con ellos. Priorizar la higiene, la calidad del sueño y la dinámica familiar nos permitirá disfrutar de una convivencia armoniosa y saludable con nuestros fieles compañeros, garantizando su bienestar y el nuestro. Consultar con un veterinario de confianza nos ayudará a tomar la mejor decisión para nuestra familia, incluyendo a nuestro querido amigo de cuatro patas. Él podrá brindarnos consejos personalizados y recomendaciones específicas para asegurar la salud y felicidad de todos en el hogar.

Fuente: El Heraldo de México