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16 de mayo de 2025 a las 17:15

Misterio en el lago: Dos vidas truncadas a los 14

La tarde del miércoles 14 de mayo quedará grabada en la memoria colectiva de la comunidad del municipio Lagunillas como un día teñido de tragedia. Dos jóvenes, llenos de vida y con apenas 14 años, Diego Armando Marín Rodríguez y Samuel José Briceño Luna, perdieron la vida en las aguas del Lago de Maracaibo, dejando un vacío imposible de llenar en sus familias y amigos. Lo que comenzó como una tarde de recreación a orillas del lago, se convirtió en una pesadilla cuando los adolescentes desaparecieron en las turbias aguas. La angustia se apoderó de todos los presentes, y la esperanza se fue diluyendo con el paso de las horas.

El testimonio de Samuel Angarita, también de 14 años y testigo presencial de la tragedia, añade un matiz desgarrador a la historia. Samuel, aún conmocionado por la pérdida de sus amigos, relató cómo Diego y Samuel se adentraron en una zona de rompeolas mientras se bañaban, ignorando el peligro que acechaba bajo la superficie. Sus palabras, entrecortadas por el dolor, pintan una imagen vívida de la inocencia y la despreocupación propias de la juventud, enfrentadas a la fuerza implacable de la naturaleza.

La búsqueda incansable, liderada por el Cuerpo de Bomberos del municipio Lagunillas y el Cuerpo de Investigaciones Científicas, Penales y Criminalísticas (CICPC), se extendió por horas, cargadas de tensión y esperanza menguante. Los buzos, a bordo de la embarcación “Katy I”, peinaron palmo a palmo las inmediaciones del muelle PDVSA SUR, a 100 metros detrás del muelle Zulima, en la parroquia Venezuela. Finalmente, el hallazgo de los cuerpos confirmó los peores temores, sumiendo a la comunidad en un profundo luto.

Las autoridades apuntan al efecto Venturi, un fenómeno natural de succión que se presenta en ciertos puntos del lago, como la principal hipótesis que explica la tragedia. Este efecto, agravado por la presencia de escombros sumergidos y el fuerte oleaje del día, habría creado una trampa mortal para los jóvenes, arrastrándolos a las profundidades sin darles oportunidad de escapar. La combinación fatal de estos factores subraya la importancia de la prevención y la concienciación sobre los peligros ocultos en el Lago de Maracaibo, un gigante de agua que a menudo esconde corrientes traicioneras bajo una superficie aparentemente tranquila.

La escena en el lugar del incidente fue desgarradora. Aysmelis Luna Baptista, madre de Samuel, sufrió una crisis nerviosa al enterarse de la noticia, un testimonio del dolor inconmensurable que solo una madre puede experimentar ante la pérdida de un hijo. La imagen de Aysmelis, recibiendo atención médica por shock e hipertensión, es un reflejo del impacto devastador que esta tragedia ha tenido en las familias involucradas. La presencia de Heibert Álvarez, de 16 años, quien también participó en las actividades previas al suceso, añade otra capa de tristeza al panorama. Un joven que presenció la desaparición de sus amigos, marcado para siempre por una experiencia traumática.

El caso continúa bajo investigación. Las autoridades se han comprometido a esclarecer con precisión los hechos y a implementar medidas que prevengan futuras tragedias en esta zona del Lago de Maracaibo. Más allá de las investigaciones, la tragedia de Diego y Samuel sirve como un llamado a la reflexión sobre la importancia de la seguridad en las actividades acuáticas, la necesidad de respetar la fuerza de la naturaleza y el valor incalculable de cada vida joven truncada prematuramente. Su recuerdo permanecerá vivo en la comunidad, un recordatorio constante de la fragilidad de la vida y la importancia de la prevención.

Fuente: El Heraldo de México