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16 de mayo de 2025 a las 05:45

El Narco: ¿500 mil empleos?

La sombra del narcotráfico se extiende como una mancha oscura sobre México, aprisionando a miles de ciudadanos en sus garras. Sebastian Gorka, en un escenario internacional, ha puesto cifras a esta tragedia: más de medio millón de mexicanos, una fuerza laboral comparable a la de algunas naciones, se encuentran bajo el yugo de los cárteles. No son empleados, sino cautivos, obligados a servir a una maquinaria criminal bajo la constante amenaza de la violencia. Imaginen la magnitud del problema: familias enteras sometidas, jóvenes sin futuro, comunidades silenciadas por el miedo. Esta realidad, denunciada por la administración Trump y confirmada por la colaboración con el gobierno mexicano, exige una respuesta contundente. No se trata solo de combatir el tráfico de drogas, sino de liberar a un pueblo oprimido.

La pregunta que resuena en el aire es ¿cómo romper estas cadenas? ¿Cómo devolver la libertad a quienes viven bajo el terror? La cooperación internacional se presenta como una herramienta crucial. Gorka ha destacado la estrecha colaboración con México, un aliado clave en esta lucha. La liberación de las zonas controladas por los cárteles, un objetivo compartido por ambos países, requiere una estrategia conjunta, una combinación de inteligencia, recursos y determinación. Sin embargo, la posibilidad de una intervención militar estadounidense, aunque mencionada con cautela, abre un debate complejo. ¿Es la solución? ¿Cuáles serían las consecuencias? La soberanía mexicana, un principio irrenunciable, debe ser respetada en cualquier escenario. La decisión final, como ha señalado Gorka, recae en las altas esferas del poder, tanto en Estados Unidos como en México.

Mientras tanto, el fentanilo, un veneno silencioso, sigue cobrando vidas al otro lado de la frontera. Ciento diez mil estadounidenses al año, una cifra escalofriante, pierden la batalla contra esta droga letal, un producto directo de la actividad criminal de los cárteles. La designación de estas organizaciones como terroristas, una medida contundente por parte del Departamento de Estado, busca precisamente cortar de raíz el flujo de esta sustancia y llevar ante la justicia a los responsables. Cada miembro, según Gorka, es considerado un terrorista bajo la ley estadounidense, una afirmación que ha generado controversia. La deportación sin cargos formales de presuntos miembros de estas organizaciones, defendida por Gorka, ha sido criticada por algunos sectores que la consideran una violación al debido proceso. Sin embargo, el director antiterrorismo de la Casa Blanca se mantiene firme en su postura, argumentando la necesidad de medidas drásticas para proteger la seguridad nacional.

El caso de Kilmar Abrego García, un salvadoreño deportado a pesar de las dudas sobre su vinculación con la MS-13, ilustra la complejidad de este debate. Mientras la Corte Suprema ordena su regreso a Estados Unidos debido a las amenazas que enfrenta en su país, Gorka cuestiona la autoridad de los jueces federales que bloquean estas deportaciones. "¿Podría un juez estar equivocado?", pregunta, abriendo un nuevo frente en la discusión sobre la legalidad y la justicia en la lucha contra el crimen organizado. La tensión entre la seguridad nacional y los derechos individuales se mantiene como un dilema sin resolver.

La lucha contra el narcotráfico es una batalla en múltiples frentes: contra la violencia, contra la corrupción, contra la impunidad. Y en medio de este complejo escenario, cientos de miles de mexicanos permanecen atrapados, esperando ser liberados de las sombras.

Fuente: El Heraldo de México