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16 de mayo de 2025 a las 09:10

Alerta: EEUU vs. México, ¿peligro en el campo?

La industria ganadera mexicana se encuentra en una encrucijada. Lo que por años fue un motor económico, un símbolo de la integración comercial con Estados Unidos y una fuente de orgullo para los productores nacionales, hoy se tambalea peligrosamente. La decisión del Departamento de Agricultura estadounidense de cerrar sus fronteras al ganado mexicano en pie, primero en noviembre de 2024 y luego, con una inexplicable reiteración, en mayo de 2025, ha desatado una crisis en el sector. El argumento esgrimido, la presencia del gusano barrenador, no solo carece de sustento técnico – la región afectada no coincide con las principales zonas exportadoras –, sino que despierta sospechas de un proteccionismo disfrazado de medida sanitaria. Huele a maniobra política, a un sacrificio de la lógica comercial en el altar de los intereses electorales.

Las consecuencias de este cierre unilateral son devastadoras para los ganaderos mexicanos. Contratos multimillonarios rotos, inversiones en logística y sanidad animal que se esfuman, y una incertidumbre que corroe la confianza en el futuro. El riesgo de una sobreoferta en el mercado nacional es latente, amenazando con desplomar los precios, desincentivar la inversión en genética y, en última instancia, empujar a muchos productores al precipicio de la ruina financiera.

Lo paradójico, lo que roza el absurdo, es que Estados Unidos necesita del ganado mexicano. Sus reservas ganaderas se encuentran en mínimos históricos, los feedlots –engranes cruciales en la cadena de suministro de carne– dependen en gran medida de los becerros criados al sur del Río Bravo. La complementariedad de ambos sistemas productivos, donde México cría y Estados Unidos engorda, ha sido la clave del éxito durante décadas. Ahora, con esta decisión arbitraria, el vecino del norte parece empeñado en dispararse en el pie, repitiendo errores del pasado como los aranceles impuestos a productos mexicanos.

El daño, sin embargo, no se limita a los productores mexicanos. Los importadores estadounidenses también sufren las consecuencias: el encarecimiento de la cadena de suministro, la reducción de sus márgenes de ganancia y una mayor fragilidad en su sistema productivo. ¿A quién beneficia entonces esta medida? ¿Vale la pena sacrificar una sinergia comercial de décadas, una relación que ha demostrado ser mutuamente beneficiosa, por un capricho político disfrazado de prevención sanitaria?

Las cifras hablan por sí solas. En 2024, México alcanzó un récord histórico en exportaciones de becerros, superando los mil 230 millones de dólares. Este logro, alcanzado incluso con un volumen moderado, demuestra la calidad, la sanidad y el estricto cumplimiento regulatorio del ganado mexicano. Lo que está en entredicho no es la calidad de nuestro producto, sino la confiabilidad de un socio comercial que, en momentos de necesidad, opta por el cierre abrupto y la confrontación.

Urge un diálogo franco y constructivo, un diálogo basado en la evidencia científica y no en las conveniencias políticas. No se trata simplemente de reabrir las fronteras y reactivar los envíos de ganado. Se trata de reconstruir la confianza, de reafirmar la importancia de una relación agroalimentaria que ha sido ejemplo de integración regional. Lo que está en juego no es solo la carne que llega a los supermercados estadounidenses, sino la credibilidad de un modelo de cooperación que, en tiempos de escasez global e incertidumbre geopolítica, no puede darse el lujo de fracturarse por caprichos políticos disfrazados de sanidad. Si el ganado no puede cruzar la frontera, lo que realmente se está bloqueando es el sentido común. Y eso, ni México ni Estados Unidos pueden permitírselo.

Entre los pasillos de Palacio Nacional, la hipótesis que cobra fuerza es que detrás del pretexto del gusano barrenador se esconden las ambiciones políticas de Brooke Rollins, la secretaria de Agricultura de EU. Con la mira puesta en la gobernación de Texas, Rollins estaría utilizando a México como peón en su juego electoral, sacrificando una relación comercial estratégica en aras de su beneficio personal. Mientras tanto, la gobernadora Marina del Pilar Ávila, tras asumir la presidencia de la CONAGO en diciembre de 2024, se encuentra en una situación delicada. A pesar de la revocación de su visa estadounidense, ha manifestado su intención de permanecer en el cargo, aunque la falta de apoyo público por parte de sus colegas gobernadores deja entrever un aislamiento político preocupante.

En este contexto, resuena con ironía la frase –atribuida a un filósofo cuyo nombre se escapa– que resume la contradicción en el corazón de esta disputa: "Estados Unidos quiere carne mexicana… pero sin vacas mexicanas. ¡Maravillas del proteccionismo moderno!".

Fuente: El Heraldo de México