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15 de mayo de 2025 a las 06:20

Trump y la fortuna catarí: ¿Admiración o envidia?

El brillo del oro catarí parece haber deslumbrado incluso al magnate Donald Trump. Acostumbrado a la opulencia de sus torres doradas y al lujo de Mar-a-Lago, el expresidente estadounidense se mostró sorprendentemente impresionado por la riqueza y la magnificencia que encontró en su reciente visita a Oriente Medio, especialmente en Catar. No se trata simplemente de admiración, sino de una fascinación casi infantil que contrasta con la imagen de hombre de negocios duro e imperturbable que ha cultivado durante décadas. ¿Acaso el lujo catarí ha logrado eclipsar incluso el brillo del imperio Trump?

Su recorrido por el palacio Amiri Diwan, acompañado por el emir Tamim bin Hamad Al Thani, se convirtió en una oda al mármol "perfecto" y a la precisión del trabajo, palabras que resonaban con la experiencia del magnate inmobiliario. No eran simples halagos diplomáticos, sino la genuina admiración de un constructor ante la impecabilidad de la obra. Imaginen la escena: Trump, recorriendo los salones palaciegos, tocando las superficies marmóreas, analizando cada detalle con la mirada experta de quien ha construido un imperio basado en el lujo. "Miren esto," parece decirnos, "es tan hermoso. Como constructor, veo mármol perfecto." Es la voz del empresario que reconoce la calidad, la excelencia, la inversión millonaria que se esconde detrás de cada centímetro cuadrado de ese palacio.

Pero la admiración no se limitó a la arquitectura. La cena de Estado, con su paisaje "perfecto", sin "un solo árbol fuera de lugar", también cautivó al expresidente. Es como si la meticulosa planificación y el cuidado extremo de cada detalle hubieran tocado una fibra sensible en Trump, acostumbrado a la perfección calculada de sus propios proyectos.

Y luego llegó Lusail, la ciudad surgida de la arena, un espejismo de acero y cristal que deslumbró al magnate. Las "maravillas relucientes" del horizonte catarí eclipsaron, en sus palabras, incluso el esplendor de Arabia Saudí. Es una declaración que revela mucho sobre la profunda impresión que la modernidad y la opulencia catarí han generado en Trump.

En este contexto, la queja sobre el Air Force One, "mucho más pequeño" y "mucho menos impresionante" que los aviones de los estados del Golfo, adquiere una nueva dimensión. No se trata solo de una crítica superficial, sino de la expresión de un deseo, quizás inconsciente, de poseer ese nivel de lujo. Recordemos la controversia sobre el posible regalo de un avión de lujo por parte de Catar. ¿Es una simple coincidencia? O acaso es una muestra más de la fascinación que el lujo oriental ha ejercido sobre el magnate.

El acuerdo comercial de más de 1.2 billones de dólares y el proyecto del Trump International Golf Club en la costa catarí añaden otra capa de complejidad a esta historia. ¿Son simples negocios? O son la consecuencia de una admiración que trasciende lo diplomático y se adentra en el terreno de lo personal?

La visita de Trump a Catar no fue solo un encuentro diplomático, sino una experiencia que parece haberlo transformado. El oro catarí ha deslumbrado al magnate, dejando una huella imborrable en su percepción del lujo y, quizás, en sus futuras ambiciones. ¿Veremos pronto reflejos de la arquitectura catarí en los próximos proyectos de la Organización Trump? ¿Intentará recrear la perfección de los jardines de Lusail en Mar-a-Lago? Solo el tiempo lo dirá. Pero una cosa es segura: la visita a Oriente Medio ha dejado una marca profunda en el imaginario del expresidente, una marca que brilla con el fulgor del oro catarí.

Fuente: El Heraldo de México