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15 de mayo de 2025 a las 17:35

Rescatada tras dos años de infierno en México

La estremecedora historia de Priscila Sand ha conmocionado a la opinión pública. Dos años secuestrada, sometida a un infierno de violencia física, verbal y psicológica, mientras daba a luz a un bebé que hoy tiene nueve meses. Su testimonio, un grito desgarrador que busca justicia y protección, revela la pesadilla vivida bajo el control de Salvador Zubirán Rabay, un hombre que, según su relato, ha tejido una red de terror amparado por la influencia de su familia.

Priscila relata con valentía los detalles de su cautiverio, cómo su captor la mantenía vigilada constantemente, el control absoluto sobre cada aspecto de su vida, la obligación de tatuarse su nombre en tres ocasiones, un recordatorio constante de su dominio. Su casa, convertida en una prisión tecnológica, con cámaras, micrófonos y sensores que la mantenían atrapada en una telaraña de miedo.

La joven argentina no está sola. Su voz se une a la de otras mujeres que también han denunciado a Zubirán Rabay por agresiones, incluyendo a la actriz Laura Vignatti, cuyo caso tuvo gran repercusión mediática. Sin embargo, la influencia de la familia del acusado, según las denuncias, ha logrado frenar la acción de la justicia, corrompiendo a jueces, magistrados, policías y hasta miembros del Ministerio Público. Un entramado de poder que ha permitido a Zubirán Rabay evadir las consecuencias de sus actos, dejando a sus víctimas en un estado de vulnerabilidad e impotencia.

El testimonio de Priscila es un llamado urgente a las autoridades. No solo se trata de un caso individual, sino de un patrón de violencia sistemática que debe ser erradicado. La impunidad no puede seguir amparando a aquellos que abusan de su poder para someter y silenciar a sus víctimas. Es necesario que se investigue a fondo la red de corrupción que presuntamente protege a Zubirán Rabay y que se garantice la seguridad de Priscila y su hijo, quienes viven bajo la constante amenaza de represalias.

El relato de Priscila sobre la obligación de consumir medicamentos controlados, obtenidos fraudulentamente del hospital a nombre del abuelo de su captor, añade una capa aún más perturbadora a esta historia. Esta práctica, además de constituir un delito en sí misma, plantea interrogantes sobre el estado de salud de Priscila y las posibles consecuencias para su hijo. Es crucial que reciban atención médica y psicológica especializada para superar el trauma vivido.

La valentía de Priscila al romper el silencio es un acto de resistencia y un llamado a la solidaridad. Su historia nos recuerda la importancia de alzar la voz frente a la injusticia y de exigir que las instituciones cumplan con su deber de proteger a las víctimas de violencia. La sociedad no puede permanecer indiferente ante el sufrimiento de Priscila y de tantas otras mujeres que viven bajo la sombra del miedo. La justicia debe prevalecer, y la voz de las víctimas debe ser escuchada. El caso de Priscila Sand es un recordatorio de que la lucha contra la violencia de género es una tarea de todos.

Fuente: El Heraldo de México