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15 de mayo de 2025 a las 09:25

Nueva York: ¿Protección o Especulación?

La experiencia de Nueva York con la Ley Local 18 nos ofrece una valiosa lección: las restricciones a las viviendas turísticas, lejos de solucionar la problemática de la vivienda, pueden agravarla y generar un efecto dominó de consecuencias negativas. El aumento del 7.4% en las tarifas hoteleras neoyorquinas, en contraste con el 2.1% a nivel nacional, ilustra cómo estas medidas impactan directamente en el bolsillo del viajero, limitando el acceso al turismo y concentrando la actividad en las zonas más exclusivas, dejando de lado la riqueza cultural y la diversidad que ofrecen otros barrios. Este encarecimiento no solo afecta al turista, sino que también perjudica a los pequeños comercios y a la economía local de las zonas menos favorecidas, que dependen en gran medida del turismo para su sustento.

El incremento en los alquileres, que alcanzaron la cifra récord de 5,000 dólares mensuales en el centro de la ciudad, demuestra que la restricción de la oferta de alojamiento no resuelve el problema de fondo de la vivienda, sino que lo desplaza, generando una mayor presión sobre el mercado inmobiliario tradicional. Ciudades como Venecia, Berlín y Barcelona, que han implementado políticas similares, han experimentado resultados parecidos, confirmando que la prohibición no es el camino. En lugar de soluciones, se ha generado un aumento de la informalidad, abriendo la puerta a fraudes y prácticas ilegales que perjudican tanto a los viajeros como a los residentes. Además, estas ciudades han perdido competitividad como destinos turísticos, afectando su imagen y su atractivo para visitantes nacionales e internacionales.

La llamada "turismofobia", un fenómeno creciente en diversas urbes, es en realidad una respuesta a la mala gestión del turismo, no al turismo en sí. Como bien señalaba Taleb Rifai, ex Secretario General de la OMT, el problema no es el crecimiento, sino la falta de planificación y regulación adecuada. El turismo, como cualquier otra actividad económica, necesita un marco normativo claro y eficiente que garantice su sostenibilidad y su integración armoniosa con el tejido urbano.

En AMVITUR, creemos firmemente que la solución no reside en la prohibición, sino en la construcción de un modelo de turismo sostenible, equitativo y bien gestionado. Esto implica establecer reglas claras para la operación de las viviendas turísticas, asegurar su cumplimiento a través de mecanismos de control efectivos, incentivar la diversificación de la oferta turística hacia zonas menos saturadas y, fundamentalmente, fortalecer la economía local, involucrando a las comunidades en el desarrollo turístico.

La economía colaborativa, de la cual las viviendas turísticas forman parte integral, representa una oportunidad única para impulsar un modelo de turismo más inclusivo y sostenible. Este modelo, basado en el intercambio de bienes y servicios entre particulares, facilita la integración de pequeños propietarios y emprendedores a la cadena de valor del turismo, generando nuevas fuentes de ingresos y dinamizando las economías locales. El crecimiento proyectado del mercado global de la economía colaborativa, que se estima alcanzará los 3.1 billones de dólares en 2033, confirma su potencial transformador y su relevancia en el panorama económico actual.

Plataformas digitales como Airbnb, por ejemplo, no solo amplían la oferta de alojamiento, sino que también contribuyen a la distribución de los beneficios del turismo entre un mayor número de personas, reduciendo la brecha de ingresos y democratizando el acceso a la actividad turística. Este enfoque, alineado con los principios de la economía colaborativa, permite a las familias y pequeños propietarios participar activamente en el sector turístico, generando ingresos adicionales y mejorando su calidad de vida.

La Ciudad de México tiene la oportunidad de aprender de los errores de otras ciudades y liderar un modelo de regulación inteligente e innovador, basado en la colaboración y el diálogo. En lugar de replicar medidas restrictivas, se debe apostar por un enfoque integral que promueva la economía colaborativa y la inclusión productiva. El caso de Nueva York debe servirnos de advertencia: la prohibición no es la solución. La verdadera sostenibilidad se construye con responsabilidad compartida, planificación estratégica y una visión de futuro que integre el turismo como un motor de desarrollo económico y social. En AMVITUR, estamos convencidos de que este es el camino a seguir.

Fuente: El Heraldo de México