15 de mayo de 2025 a las 20:10
Madre compra armas a su hijo para tiroteo escolar.
La tranquilidad de San Antonio, Texas, se ha visto fracturada por un escalofriante caso que ha puesto en relieve la fragilidad de la seguridad escolar y la complejidad de las dinámicas familiares. Ashley Pardo, una madre de familia, se encuentra en el ojo del huracán tras ser acusada de proveer a su hijo menor de edad con un arsenal de armas y equipo militar, presuntamente con el conocimiento de sus perturbadoras intenciones de perpetrar un tiroteo en su escuela, la Rhodes Middle School. Este acto, que ha conmocionado a la comunidad, nos obliga a reflexionar sobre las señales de alerta que a menudo pasamos por alto y la importancia de la intervención temprana.
La historia comenzó a tejerse en enero, cuando el menor, cuyo nombre se mantiene bajo reserva por su edad, empezó a manifestar comportamientos preocupantes. Dibujos extraños, una fascinación morbosa por tiroteos escolares y una inquietante búsqueda en internet sobre la masacre de Christchurch, Nueva Zelanda, en 2019, encendieron las alarmas entre el personal docente. Estas señales, que podrían haber sido interpretadas como simples excentricidades infantiles, resultaron ser la punta del iceberg de un plan mucho más siniestro.
La suspensión escolar del menor, lejos de aplacar la situación, la agravó. Un intento de suicidio con una hoja de afeitar, que requirió cerca de cien puntos de sutura, evidenció la profunda crisis emocional que atravesaba el niño. Su regreso a clases el 7 de mayo fue efímero, pues la bomba de tiempo estaba a punto de estallar.
El 12 de mayo, la abuela del menor realizó una llamada desesperada a la policía. Su relato, estremecedor, describía un escenario aterrador: su nieto jugando con balas y martillos, regalos macabros de su propia madre. La abuela reveló que, según el niño, Ashley Pardo lo había llevado a una tienda militar y le había comprado cargadores, un chaleco táctico con capacidad para blindaje balístico, un casco y vestimenta militar. Un equipo completo para sembrar el terror.
Las autoridades, tras una rápida investigación, detuvieron a Ashley Pardo bajo el cargo de ayudar en la comisión de terrorismo. La acusación, de una gravedad extrema, sugiere que la madre no solo estaba al tanto de los planes de su hijo, sino que los facilitó activamente. Si bien Pardo fue liberada bajo fianza al día siguiente, la sombra de la sospecha y la indignación pública la persiguen. Su próxima audiencia, programada para el 17 de julio, promete ser un punto de inflexión en este caso que ha conmocionado a la nación.
Mientras tanto, el futuro del menor se encuentra en un limbo legal y emocional. Se evalúa su custodia y la posibilidad de que enfrente cargos penales. La abuela, testigo clave de este drama familiar, se ha mantenido en silencio, dejando a la comunidad con una serie de interrogantes sin respuesta. ¿Qué motivó a Ashley Pardo a tomar semejante decisión? ¿Qué tipo de entorno familiar propició este escenario de violencia latente? ¿Cómo podemos, como sociedad, prevenir tragedias similares?
Este caso nos recuerda la importancia de estar atentos a las señales de alerta en nuestros niños y jóvenes. La comunicación abierta, la empatía y la búsqueda de ayuda profesional son herramientas fundamentales para prevenir la violencia y construir un futuro más seguro para todos. El silencio, la indiferencia y la normalización de la violencia solo perpetúan un ciclo destructivo que debemos romper. La historia de Ashley Pardo y su hijo es un llamado a la reflexión y a la acción. No podemos permitir que la tragedia se repita.
Fuente: El Heraldo de México