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16 de mayo de 2025 a las 00:15

Justicia para Javier Valdez: 8 años sin olvidar.

Ocho años. Ocho años han pasado desde que el sombrero y los lentes de Javier Valdez Cárdenas dejaron de ser parte de su atuendo diario para convertirse en un símbolo, una bandera de lucha contra la impunidad que ahoga a México. Ocho años clamando justicia, ocho años buscando respuestas en un laberinto de poder y silencios cómplices. 2,920 días, para ser exactos, desde aquel fatídico 15 de mayo de 2017, cuando las balas silenciaron la voz crítica y valiente de un periodista que se atrevió a narrar la verdad, la cruda realidad del narcotráfico en Sinaloa. Una verdad incómoda que le costó la vida.

Su pluma, afilada como un cuchillo, diseccionaba las entrañas del monstruo, revelando sus nombres, sus métodos, sus alcances. En las páginas del Semanario Río Doce, Javier Valdez Cárdenas no solo informaba, sino que desafiaba, interpelaba, denunciaba. Y lo hacía con una maestría narrativa que convertía sus crónicas en crudas fotografías de una guerra sin cuartel. Una guerra que, finalmente, lo alcanzó.

La reciente manifestación frente a la Embajada de Estados Unidos en México es un grito desesperado, una súplica a la justicia que se escurre entre los dedos. La extradición de Dámaso López Serrano, alias "El Mini Lic", se ha convertido en la pieza clave de este rompecabezas. Un rompecabezas macabro donde las piezas encajan en un relato de poder, traición y violencia.

Mientras la justicia mexicana parece dormida, "El Mini Lic" se pasea entre las sombras de la impunidad. Su colaboración con las autoridades estadounidenses, su supuesta "reinserción" a la sociedad, contrastan con la contundencia de las pruebas presentadas por la Fiscalía Especial para la Atención de Delitos cometidos contra la Libertad de Expresión. Pruebas que lo señalan como el autor intelectual del asesinato de Valdez Cárdenas.

Las declaraciones del "Mini Lic", negando su participación en el crimen, se estrellan contra el muro de la realidad. Sus palabras, huecas y cínicas, no pueden borrar la sangre derramada, el dolor de una familia, la indignación de un gremio que sigue perdiendo a sus miembros en una guerra silenciosa.

La sombra de la duda se cierne sobre el caso. ¿Será la colaboración con Estados Unidos un salvoconducto para la impunidad? ¿Prevalecerá la justicia o se impondrá el silencio cómplice? La extradición de Dámaso López Serrano no solo es crucial para el caso de Javier Valdez Cárdenas, sino para todos aquellos periodistas que arriesgan su vida para contarnos la verdad. Es un mensaje al mundo: en México, los crímenes contra la libertad de expresión no quedarán impunes.

El sombrero y los lentes de Javier Valdez Cárdenas siguen presentes, recordándonos que la lucha por la justicia no ha terminado. Su legado periodístico, su valentía, su compromiso con la verdad, son la antorcha que ilumina el camino hacia un México donde la libertad de expresión no sea un lujo, sino un derecho fundamental. Un México donde los periodistas puedan ejercer su profesión sin miedo a represalias. Un México donde la justicia deje de ser una quimera y se convierta en una realidad.

Fuente: El Heraldo de México