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15 de mayo de 2025 a las 09:20

¿Ignorancia = Muerte de EU y México?

En tiempos convulsos, donde la información fluye a raudales y la desinformación se mimetiza con la verdad, surge una amenaza silenciosa, más peligrosa que la maldad misma: la ignorancia deliberada. No hablamos de la falta de acceso a la educación, sino de la obstinada negativa a reconocer la realidad, a pesar de las evidencias. Es un cerrar los ojos ante lo incómodo, un aferrarse a creencias que se desmoronan ante los hechos. Como un cáncer silencioso, esta ignorancia corroe los cimientos de la sociedad, llevándola a un estado de estupor colectivo.

Recordemos la Alemania posterior a la Primera Guerra Mundial. Un pueblo herido, humillado, buscando un culpable en el exterior, mientras ignoraba las señales de la tormenta que se avecinaba. En su desesperación, abrazaron un discurso que prometía grandeza, un líder que les aseguraba un futuro glorioso. Cegaron sus ojos ante las advertencias, ante las violaciones a la Constitución de Weimar, ante el veneno del fanatismo que se extendía como una plaga. La historia, como un juez implacable, les mostró la crudeza de su error. El precio de la ignorancia fue devastador.

Hoy, vemos paralelismos inquietantes en nuestra propia realidad. Un discurso que divide, que estigmatiza, que pinta un mundo en blanco y negro, donde la crítica es traición y la disidencia es sinónimo de enemigo. Se construye una narrativa que justifica lo injustificable, donde los datos se manipulan y la verdad se retuerce para ajustarse a un relato preconcebido. Se promueve una homogeneidad ideológica, pintando el paisaje social con los colores del partido, uniformando a los servidores públicos, inundando el espacio público con propaganda subliminal. Una estrategia que busca no informar, sino adoctrinar, crear una realidad paralela donde el disenso es silenciado y la crítica es aplastada.

Esta uniformidad, esta homogeneización, es la antesala de la enajenación de la conciencia social. Se busca crear un ambiente donde la duda es sinónimo de deslealtad, donde cuestionar es un acto de rebeldía. Se busca anestesiar el pensamiento crítico, sustituirlo por lemas y consignas vacías. Se busca, en definitiva, crear una ciudadanía dócil, incapaz de discernir entre la realidad y la ficción.

La ignorancia deliberada, como bien apuntaron Dietrich Bonhoeffer y Carlo Cippola, no es simplemente la ausencia de conocimiento, sino una elección consciente, una negación activa de la verdad. Es un camino que conduce inevitablemente a la estupidez, entendida no como un insulto, sino como un estado de enajenación, de incapacidad para comprender la complejidad del mundo. Es un estado donde la razón se somete a la emoción, donde la crítica se sustituye por la fe ciega, donde el individuo se diluye en la masa.

La pregunta que debemos hacernos es: ¿estamos dispuestos a repetir los errores del pasado? ¿Estamos dispuestos a sacrificar nuestro pensamiento crítico en el altar de la comodidad y la conformidad? ¿Estamos dispuestos a ignorar las señales de alarma, a cerrar los ojos ante la realidad que nos rodea? La respuesta, como siempre, está en nuestras manos. El futuro, como siempre, depende de nuestras decisiones.

Fuente: El Heraldo de México