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15 de mayo de 2025 a las 22:30

El Pedregal: lujo entre rocas

Imagine un paisaje desolado, un mar de roca volcánica extendiéndose hasta donde alcanza la vista. Un lugar donde la vida parecía imposible, un testimonio silencioso de la furia de la naturaleza. Así era el Pedregal de San Ángel hace menos de un siglo, un territorio inhóspito, marcado por la erupción del Xitle que sepultó a la antigua Cuicuilco. Difícilmente alguien podría imaginar que de entre esas piedras, de ese manto oscuro y áspero, brotaría un oasis de arquitectura y diseño, un ejemplo único de la integración del hombre con la naturaleza.

Pero la visión de unos pocos, su capacidad de ver más allá de la aparente desolación, transformó para siempre este rincón del sur de la Ciudad de México. No se trataba de dominar el paisaje, de imponerse sobre la roca, sino de dialogar con ella, de integrarse a su peculiar belleza. Luis Barragán, un nombre que resonaría con fuerza en la arquitectura mundial, lideró esta audaz empresa. Su sensibilidad artística, aunada al pragmatismo del empresario Alberto Bustamante, dio vida a Jardines del Pedregal.

No fue un proyecto cualquiera. Barragán, influenciado por las ideas de Diego Rivera, quien veía en el Pedregal un lienzo en blanco para una nueva forma de habitar, concibió un plan maestro que respetaba la esencia del lugar. Imaginó calles que serpenteaban entre las formaciones rocosas, casas que emergían orgánicamente del terreno, jardines que aprovechaban la flora nativa. Un manifiesto contra la uniformidad, una celebración de la individualidad.

Y no estuvo solo. Convocó a las mentes más brillantes de la arquitectura mexicana: Max Cetto, con su profunda comprensión de la integración con el entorno; Francisco Artigas, creador de espacios que desafiaban las convenciones; Enrique del Moral y Enrique Castañeda Tamborrel, aportando su visión innovadora. Juntos, orquestaron una sinfonía de piedra y vegetación, donde cada casa era una nota única, una expresión particular de la creatividad humana.

Jardines del Pedregal se convirtió en un laboratorio de ideas, un crisol de estilos arquitectónicos que convergían en un mismo principio: la armonía con la naturaleza. Las casas, construidas con la misma roca volcánica que alguna vez lo cubrió todo, se mimetizaban con el paisaje, creando un conjunto orgánico, casi mágico.

La historia del Pedregal es también la historia de quienes lo habitaron. Personajes como Silvia Pinal, ícono del cine mexicano, eligieron este singular lugar para construir sus hogares, contribuyendo a la construcción de su leyenda. Su casa, diseñada por Federico Rosen, se convirtió en un símbolo de la época dorada del cine nacional, un escenario que albergó fiestas y reuniones que marcaron la vida social de la capital. La casa del doctor Federico Gómez, obra de Francisco Artigas, inmortalizada en la película "El Inocente", es otro ejemplo de la estrecha relación entre el Pedregal y la cultura mexicana.

Hoy, recorrer las calles de Jardines del Pedregal es un viaje en el tiempo, una experiencia que nos conecta con la visión de aquellos que se atrevieron a soñar con un futuro diferente. Un recordatorio de que la belleza puede surgir de los lugares más inesperados, y que la armonía entre el hombre y la naturaleza es posible. Un legado que perdura, un testimonio de la fuerza transformadora de la creatividad humana.

Fuente: El Heraldo de México