15 de mayo de 2025 a las 09:20
Duelo en Veracruz: Morena vs. Yunes
La política mexicana, una vez más, nos ofrece un espectáculo desconcertante. Mientras el discurso oficial pregona la renovación y la lucha contra la corrupción, la realidad nos muestra una danza de alianzas pragmáticas que desdibujan las líneas entre la regeneración prometida y las prácticas del pasado. El reciente proceso electoral judicial, ensalzado por el régimen como un ejemplo de virtud cívica, transcurrió en paralelo a la consolidación de pactos con aquellos que, hasta hace poco, eran considerados la encarnación de los vicios que se pretendía erradicar.
Veracruz y Durango se erigen como ejemplos paradigmáticos de este pragmatismo extremo. En estos estados, Morena, el partido en el poder, ha abrazado a antiguos rivales, olvidando convenientemente las consignas que lo llevaron al poder. Aquellos que debían ser expulsados del sistema se convierten ahora en aliados estratégicos, en la puerta de entrada a un poder que se suponía renovado.
El caso de la familia Yunes en Veracruz ilustra con crudeza esta dinámica. La adhesión de varios miembros de esta familia a Morena se configura como una transacción política al más puro estilo de la vieja guardia: el voto a cambio de impunidad y nuevas cuotas de poder. Un voto que, además, asegura una mayoría calificada artificial en el Senado, consolidando el control del partido gobernante. Este es el "estilo 4T", donde las promesas de cambio se diluyen en la búsqueda de ventajas electorales, ofreciendo oportunidades a quienes se juró perseguir.
¿Cuántos pactos similares se ocultan tras la fachada de la transformación? ¿Cuántos compromisos ocultos harán palidecer a aquellos que pidieron el voto jurando ser "diferentes"? El episodio Yunes en el Senado, donde el régimen exhibió sin pudor su pacto de impunidad, es la prueba irrefutable de que la sorpresa ya no tiene cabida en la política mexicana. Ver a quienes incluso tildaron de "loco" al líder moral de Morena compartiendo ahora la misma mesa, es una imagen que habla por sí sola.
Este pacto de poder, alejado de cualquier principio moral, contrasta con el discurso que llevó a Morena al poder. La moral, antaño bandera de lucha, se pliega ahora ante los intereses electorales. Y esto no es el punto final, sino el punto de partida. El régimen profundizará su distanciamiento de los principios que una vez defendió, en una espiral donde el poder corrompe y desvía las miras.
Ante este panorama, la ciudadanía debe mantenerse vigilante, defendiendo la legalidad y enfrentando a un poder que pretende apropiarse de lo que una vez prometió al pueblo. Por ello, ante la evidente manipulación del sistema judicial, se decidió no participar en la elección judicial. Conservar una franja de poder no justifica la destrucción de la justicia, la cual debería servir a las personas y no al régimen.
Es necesario nombrar a los responsables, transparentar los pactos y evidenciar el distanciamiento de Morena de sus principios originales. Aquellos que creyeron en las promesas de cambio merecen una explicación. La incorporación de figuras como los Yunes al partido en el poder representa una traición a la confianza depositada.
La política mexicana se encuentra en una encrucijada. La regeneración prometida se desvanece en un mar de pragmatismo y conveniencia. La ciudadanía tiene la responsabilidad de exigir coherencia y defender la justicia, enfrentando a un poder que parece haber olvidado sus promesas.
Fuente: El Heraldo de México