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15 de mayo de 2025 a las 20:30

Doble enamoramiento: ¿Mito o realidad?

La monogamia, como modelo predominante en nuestra sociedad, nos ha condicionado a creer que el amor verdadero solo puede dirigirse a una persona a la vez. Sin embargo, la complejidad del ser humano y la riqueza de nuestras emociones desbordan a menudo los moldes preestablecidos. Sentir atracción, cariño, e incluso amor, por más de una persona es una realidad más común de lo que se cree, un fenómeno que la psicología no solo reconoce, sino que analiza en profundidad, desmitificando la idea de que se trata de una anomalía o una traición.

Lejos de ser una cuestión de simple capricho o infidelidad, la posibilidad de amar a dos personas simultáneamente se sustenta en la propia naturaleza del amor, un sentimiento multifacético que se manifiesta de diversas formas. El renombrado psicólogo Robert Sternberg, con su Teoría Triangular del Amor, nos ilumina sobre la composición de este sentimiento: intimidad, pasión y compromiso. Estos tres componentes, presentes en cada relación amorosa, se combinan en proporciones variables, creando un espectro amplio de experiencias amorosas. Así, es posible experimentar una profunda conexión emocional con una persona, mientras que con otra se comparte una intensa pasión y deseo. Ambas experiencias son válidas, reales y no se excluyen mutuamente.

Imaginemos, por ejemplo, una relación de larga duración, donde la intimidad y el compromiso son los pilares fundamentales, un amor consolidado por el tiempo y las experiencias compartidas. Paralelamente, puede surgir una nueva conexión, donde la chispa de la pasión se enciende con fuerza, despertando sensaciones y emociones diferentes. No se trata de sustituir un amor por otro, sino de reconocer la coexistencia de dos vínculos afectivos, cada uno con sus matices y particularidades.

La neurociencia, con sus avances en el estudio del cerebro, aporta evidencia a esta realidad. Las áreas cerebrales que se activan con el deseo sexual son distintas de las que se relacionan con el amor profundo y el apego. Esto explica por qué podemos sentir una intensa atracción física por alguien, sin que ello implique necesariamente un compromiso emocional profundo, y viceversa.

Además, la necesidad de conexión y la búsqueda de la novedad son inherentes a la naturaleza humana. En momentos de insatisfacción, rutina o distancia emocional en una relación, es posible que surja una nueva conexión que llene un vacío o satisfaga una necesidad no cubierta. Esto no implica necesariamente la falta de amor hacia la pareja, sino la búsqueda de una completitud emocional que, en ese momento, se encuentra en otro lugar.

Ahora bien, experimentar este tipo de situaciones plantea, sin duda, un desafío emocional. La confusión, la culpa y la incertidumbre son emociones comunes que requieren una profunda introspección y honestidad. La clave reside en la gestión responsable de estos sentimientos, priorizando la comunicación y el respeto hacia todas las partes involucradas.

Algunas personas optan por explorar modelos de relaciones no monógamas, como las relaciones abiertas o el poliamor, donde la posibilidad de amar a más de una persona se aborda de forma consensuada y transparente. Otras, en cambio, prefieren mantener un modelo monógamo y trabajar en la relación existente para abordar las necesidades no satisfechas que pudieron haber dado lugar a la aparición de un nuevo vínculo afectivo.

En cualquier caso, la honestidad emocional y la comunicación son fundamentales para navegar estas complejas situaciones. Reconocer y aceptar nuestros sentimientos, sin juicios ni prejuicios, es el primer paso para tomar decisiones responsables y construir relaciones sanas y auténticas, ya sean monógamas o no. El amor, en todas sus formas, merece ser explorado con respeto, conciencia y valentía.

Fuente: El Heraldo de México