14 de mayo de 2025 a las 23:00
Policía de Tijuana arrestado por presunto secuestro
La creciente ola de inseguridad que azota nuestra ciudad se tiñó hoy con un nuevo matiz de indignación y desconfianza. Un agente de la Policía Municipal, la figura que debería representar la protección y la justicia, ha sido detenido y señalado como presunto partícipe en un secuestro. Miguel Ángel "N", oficial supervisor de la delegación La Presa Rural, es el nombre que resuena ahora ligado a la privación ilegal de la libertad de una mujer, propietaria de una tienda de abarrotes en la colonia La Morita. La noticia, que se esparció como reguero de pólvora por las calles y redes sociales, ha generado una profunda conmoción en la comunidad.
El operativo de rescate, llevado a cabo en la calle Paseo del Vergel, destapó una escena que parece sacada de una película de suspenso. La víctima se encontraba esposada en el interior de una camioneta Ram gris, sin placas y con vidrios polarizados, el tipo de vehículo que a menudo asociamos con actividades ilícitas. El hallazgo de armas de fuego en el interior del vehículo añade un elemento aún más perturbador a este caso. Imaginen la angustia de esa mujer, privada de su libertad, a merced de quienes deberían protegerla. Imaginen la desilusión de una comunidad que ve cómo la confianza en sus instituciones se erosiona con cada acto de corrupción.
La Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana Municipal (SSPCM) ha actuado con celeridad, confirmando la detención de Miguel Ángel "N" y su puesta a disposición de las autoridades investigadoras. Se han iniciado los procesos administrativos y judiciales correspondientes, una señal de que, al menos en apariencia, se busca llegar al fondo del asunto. Sin embargo, las preguntas siguen resonando en el aire. ¿Cómo es posible que un agente de la ley se vea involucrado en un delito de esta magnitud? ¿Qué fallas en el sistema permitieron que esto ocurriera? ¿Cuántos casos similares podrían estar ocultos en las sombras?
El relato de la víctima, que señala directamente al oficial detenido, añade una capa de complejidad al caso. Según su testimonio, fue secuestrada de su lugar de trabajo, un establecimiento de máquinas tragamonedas, por un grupo de encapuchados que buscaban a la propietaria del negocio. La presencia del oficial Miguel Ángel "N" durante el traslado, según la víctima, plantea interrogantes inquietantes sobre su nivel de participación en los hechos.
Las declaraciones del Secretario de Seguridad, José Alejandro Avilés Amezcua, expresando su rechazo a estos hechos y ordenando investigaciones internas, son un primer paso necesario. Sin embargo, las palabras no bastan. La ciudadanía exige acciones concretas, una purga real dentro de las filas de la corporación, y un compromiso genuino con la transparencia y la rendición de cuentas. El peso de la ley, como bien lo ha señalado el Secretario, debe caer con toda su fuerza sobre quienes traicionan la confianza depositada en ellos.
Este caso no es un hecho aislado. Es un síntoma de un mal mayor que aqueja a nuestra sociedad: la corrupción que se infiltra en las instituciones, la impunidad que permite que estos actos queden sin castigo, y la desconfianza que se siembra en la ciudadanía. Es un llamado a la reflexión, a la acción, y a la exigencia de un cambio real. No podemos permitir que la inseguridad y la corrupción sigan ganando terreno. El futuro de nuestra ciudad depende de ello.
Fuente: El Heraldo de México