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14 de mayo de 2025 a las 19:20

Mexicanos, ¿narcoterroristas?

La sombra del narcoterrorismo se cierne sobre la frontera entre México y Estados Unidos, marcando un nuevo capítulo en la lucha contra el crimen organizado. La decisión sin precedentes de un fiscal federal de California de imputar cargos de narcoterrorismo a miembros de la facción de los Beltrán Leyva, abre un nuevo frente en la guerra contra el narcotráfico, uno que podría redefinir las reglas del juego y las estrategias de cooperación internacional. Pedro Inzunza Noriega, alias "El De La Silla" o "Sagitario", junto con Pedro Inzunza Coronel, "Pichón", David Alejandro Heredia Velázquez, "Tano", y Oscar René González Menéndez, "Rubio", se convierten en los rostros de esta nueva ofensiva legal, la primera en su tipo. Enfrentan la acusación de sembrar el terror en la región fronteriza, orquestando una red de violencia, narcotráfico y extorsión que ha dejado una profunda cicatriz en ambos lados de la línea divisoria.

Esta imputación, más allá de los nombres y alias, representa un punto de inflexión. La inclusión del término "narcoterrorismo" no es una mera etiqueta, sino una herramienta legal con profundas implicaciones. Permite al gobierno estadounidense desplegar un arsenal jurídico más amplio, el mismo que se utiliza contra organizaciones como Al Qaeda o Hamás, ahora dirigido contra el crimen organizado transnacional. La inclusión de estos individuos en la lista de Organizaciones Terroristas Extranjeras, manejada por el Departamento de Estado, significa un cambio de paradigma, equiparando la amenaza del narcotráfico con la del terrorismo internacional.

Las acusaciones van más allá del narcoterrorismo, abarcando una compleja red de delitos que incluyen la participación en una empresa criminal continua, conspiración internacional para distribuir sustancias controladas, conspiración para importar sustancias controladas y conspiración para el lavado de dinero. Un entramado criminal que evidencia la sofisticación y alcance de estas organizaciones, y que justifica, según las autoridades estadounidenses, la severidad de las penas que se buscan. Para Pedro Inzunza Noriega, "El De La Silla", la sombra de una condena mínima de 20 años y multas millonarias se cierne amenazante. La fiscal general, Pam Bondi, va más allá, buscando la cadena perpetua para los cinco imputados, una señal inequívoca de la postura inflexible del gobierno estadounidense.

La respuesta desde México, en voz de la presidenta Claudia Sheinbaum, ha sido de cautelosa colaboración. Si bien se reitera la disposición a cooperar con las autoridades estadounidenses, se subraya la importancia del respeto y la no subordinación. Un equilibrio delicado en la relación bilateral, donde la lucha contra el crimen organizado se entrelaza con la defensa de la soberanía nacional. La colaboración, sí, pero en términos de igualdad y respeto mutuo. El futuro de la lucha contra el narcotráfico dependerá, en gran medida, de la capacidad de ambos países para encontrar ese punto de equilibrio, donde la cooperación eficaz no comprometa la independencia y la soberanía de cada nación. El caso de los Beltrán Leyva y la imputación de narcoterrorismo se convierte así en un precedente crucial, una prueba de fuego para la cooperación bilateral y un indicador de la dirección que tomará la guerra contra el crimen organizado en los años venideros.

Fuente: El Heraldo de México